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domingo, 21 de febrero de 2021

El Ave María de Oro

EL AVEMARÍA DE ORO. 

¡Ave, María!
¡Blanco Lirio de la Gloriosa
y siempre Serena Trinidad!
¡Salve, Brillante Rosa del Jardín
de los Deleites Celestiales!

¡Oh, Tú, de Quien DIOS quiso nacer en este mundo, y de cuya Leche el Rey del Cielo quiso ser nutrido!.
Alimenta nuestras almas con las efusiones
de la Gracia Divina. Amén.

Promesas:

“A las Almas  que en vida Me hayan saludado con esta Oración, Me apareceré con gran resplandor en la hora de la muerte. Además, cuando el Alma  se separe del cuerpo, Me manifestaré con hermosura tan espléndida, que el Alma  sentirá un gran consuelo. En ese instante, experimentará algo semejante a las delicias del Paraíso.”

(Palabras de la Santísima Virgen a Santa Gertrudis)

viernes, 19 de febrero de 2021

Mis Conversaciones con las Almas del Purgatorio

MIS CONVERSACIONES CON LAS ALMAS DEL PURGATORIO


EUGENIA VON DER LEYEN

Nada impuro entrará en el Cielo

Para el alma manchada, pero sin culpas graves (pecados mortales), esta luz es ya un juicio; pues un estado de culpa no va bien con la infinita santidad y perfección de Dios. La unión con Dios "su eterna bienaventuranza", es, por tanto, imposible. El alma no sería capaz de soportar su Grandeza.


Ciertamente la mayor parte de las personas jamás entrarían al Cielo si no fuese por aquel lugar de purificación en el más allá. Dios dice a través de su Iglesia: "Quienes mueren en gracia y amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su salvación eterna, sufren una purificación después de su muerte a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en el gozo de Dios" (Catecismo Iglesia Católica 1054).


El presente tema tiene su fundamento en aquellas palabras de la Sagrada Escritura: "Santo y saludable es el pensamiento de rogar por los difuntos para que se vean libres de sus pecados" (IIº Macabeos 12, 34-43).


La Iglesia nos recuerda también aquella parábola del Evangelio que habla de una prisión, de la cual nadie saldrá hasta no haber pagado el último céntimo (Mateo 5,24-25).


El alma que al momento de la muerte aún se halla manchada por el pecado, se siente inexpresablemente abatida ante la presencia de Dios, como aplastada por el peso de su culpa, que debe ser expiada; ella misma es quien se arroja al Purgatorio. Sólo entonces ella comprende lo que es Dios y su amor hacia las almas, igualmente la desgracia del pecado ante los ojos de su Divina Majestad. Ella desea lanzarse inmediatamente a los brazos de Dios, mas se siente totalmente indigna, se halla como encadenada; destrozada de arrepentimiento y de dolor, suspira y anhela a Dios y le agradece profundamente, pues todavía puede reparar y expiar sus tantas maldades.


La pobre alma es consciente de que está salvada, y esto la consuela en su tormento. Sin duda es una gran misericordia de Dios que aún después de la muerte exista un lugar donde se pueda reparar. El Purgatorio es, pues, un misterio de la gracia, un fuego de la Divina Misericordia.

 

También tormentos físicos

El terrible tormento que experimentan las almas por el deseo de Dios, se une a los castigos particulares correspondientes a cada pecado. Con el arrepentimiento y la Confesión se elimina el pecado, mas no el castigo merecido por él.


El fuego purificador, que la quema dentro, la atormentará especialmente en aquellas partes del cuerpo que fueron causa de pecado. Aunque el cuerpo ha quedado en la tierra, la pobre alma tendrá la sensación de tenerlo aún, pues este también tiene parte en el doloroso castigo, como aquellas que se aparecieron a Eugenia mostrando su boca llena de heridas, por los pecados cometidos con la lengua; o aquella otra con las manos ensangrentadas, por haber asesinado.


Este es un acto de la Divina Justicia, pues luego del Juicio Final el Purgatorio cesará, y el cuerpo, que juntamente pecó con el alma, quedaría impune.


Sor María de la Natividad (fallecida en 1798), en complemento a esto dice: "Algunos años antes del Juicio Universal, las penas del Purgatorio se incrementarán para cada alma en proporción a la grandeza de su culpa. Dios puede hacer sufrir a un alma en un año, todo aquello que debería haber sufrido en 100 años. Los ángeles comunicarán a las almas que, para pagar totalmente su deuda, sus sufrimientos aumentarán pues se acerca el Juicio Universal".



Las Pobres Almas son verdaderamente pobres

Las Almas del Purgatorio se llaman justamente "Pobres Almas", porque tienen gran necesidad de ser ayudadas. No pueden ya ofrecer obras a la Divina Justicia para satisfacer por sus errores, como cuando estaban en la tierra.


El Señor Obispo, Monseñor Keppler de Rottenberg, gran predicador de las Almas del Purgatorio, dice: "En el Purgatorio las almas se asemejan al péndulo de un reloj: sufren y esperan - sufren y esperan". Las almas sufren y sufren sin ganar ningún mérito. En cambio, al soportar pacientemente los dolores en el mundo, le hacen merecer la Felicidad Eterna. Los sufrimientos y penas de estas almas, según San Agustín, son peores que los tormentos que padecieron los mártires. Según Santo Tomás de Aquino y San Buenaventura, las almas en el Purgatorio arden en un fuego semejante al del Infierno (como los condenados), con la sola diferencia que las primeras agradecen y bendicen a Dios por su salvación, y las otras, en cambio, lo maldicen.


Esta es la razón por la que estas Benditas Almas son tan pobres, más que un mendigo, pues lo único que pueden es sufrir.


Según la Beata Ana Catalina Emmerick y Ana María Lindmayr, las almas que no pertenecen a la Iglesia son unas de las más necesitadas, pues no tienen a nadie que ore por ellas, quedan en absoluto abandono; sus familiares, que no creen en el Purgatorio, no rezan por ellas, ni hacen actos de caridad en su favor.



Las Pobres Almas ruegan por los vivos

En una revista publicada por la Iglesia bajo el título "Voces del más allá", aparece lo siguiente: Una monja francesa rezó y ofreció mucho por una Hermana suya difunta. Por bondad de Dios y para instrucción nuestra, se le apareció. Le dijo: "Hay almas que padecen su purgatorio en los lugares donde pecaron; algunas al pie del altar, pero no por alguna falta cometida allí, sino como premio a la devoción y respeto que en vida tuvieron al Sántisimo Sacramento y a otros lugares santos.


Estas sufren menos que si se hallaran en el Purgatorio, y Jesús, a quien ven con los ojos de la Fe y el alma, alivia sus tormentos.


Las Almas del Purgatorio no están ocupadas solamente en sus sufrimientos; ruegan mucho para que se haga la voluntad de Dios, y por los hombres que les han abreviado y aligerado sus dolores. Ellas alaban y magnifican al Señor por su misericordia infinita, pues a muchas de ellas sólo les faltó un mínimo para caer en el espantoso abismo y condenarse. Nunca podremos llegar a imaginar el enorme agradecimiento de estas pobres almas que de tal forma fueron libradas de Satanás.

 

La Indulgencia Plenaria es muy rara

Entre otras, una de las preguntas que la Monja le hizo a la difunta, fue: ¿Te ayuda la Indulgencia Plenaria? Respuesta: "Pocas, poquísimas personas son capaces de ganarlas; es necesaria una verdadera contrición del corazón y de la voluntad, lo cual es raro, muy raro, más raro de lo que se piensa; en el Purgatorio recibimos las indulgencias que se nos ofrecen según el querer de Dios. Si un alma está al extremo del deseo, esto es, cerca del cielo, ella puede ser liberada con alguna Indulgencia Plenaria que sea ofrecida, totalmente o en parte, a su favor. Pero para la mayoría de las almas esto no sucede. Si durante su vida las almas tuvieron poca estima o pensaron poco en las Indulgencias, Dios, Justo y Eterno, las recompensa según sus obras. Ellas reciben solamente lo que Él tenga a bien darles, mas casi nunca es una Indulgencia total".



El día de Navidad es la gran fiesta de las Pobres Almas

Otra pregunta: ¿El día de la conmemoración de los fieles difuntos son liberadas la mayoría de las almas?: "El día de los difuntos un gran número de almas, por una especial gracia de Dios, dejan el lugar de expiación y entran al Cielo; sólo en este día todas las almas tienen, sin excepción, parte en las oraciones de la Iglesia. Muchas almas por Justicia Divina reciben, durante los largos años que deben pasar en el Purgatorio, este único refrigerio. Por lo tanto, no es el día de los difuntos que la mayoría de las almas entran al cielo, sino el día de Navidad.



Mil años ante Dios son como un día

¿Cuánto duran las penas del Purgatorio? Esto es distinto para cada alma, sin embargo los tormentos más largos y más terribles son para aquellos de duro corazón; también aquellos de los que habla el Beato Enrique Suso (muerto en el año 1365): "Existen personas que han hecho airar tanto a Dios, que deberán sufrir en el Purgatorio hasta el último día. Son los pecadores obstinados, aquellos que han pospuesto su conversión para el final de su vida, los cuales tuvieron, pues, antes de morir, un mínimo de arrepentimiento".


No obstante, el concepto de tiempo para las Pobres Almas es totalmente diferente al nuestro. Según Ana María Lindmayr, una hora de purgatorio para ellas, se hace más largo que 20 años de sufrimientos en el mundo; para las que deben sufrir más, el tormento se hace eterno, y para las demás se hace breve.


La monja difunta, hablando del tiempo de las penas del Purgatorio, dice: "Te digo esto según los cálculos humanos, porque para nosotras es distinto... Estoy aquí desde hace ocho años, pero me parece haber estado dieciséis mil años... ¡Oh Dios mío!"



San Miguel, Patrono de las Pobres Almas

San Miguel Arcángel y las Pobres Almas. Un alma dijo: "Él no sólo es el testigo cuando se proclama la sentencia; es también ejecutor de la Divina Justicia... y acompaña al alma después de haber completado la purificación a la eterna felicidad. Es compasivo con nosotras y nos anima en nuestros tormentos hablándonos del Cielo". A veces viene acompañado de la Virgen, a quien vemos corporalmente en sus fiestas. En sus fiestas ella viene a visitarnos y regresa al Cielo con muchas almas. También nuestro Angel Custodio nos consuela...

Podemos ayudarlas de muchas formas

Y cómo?

1. Ante todo con la Santa Misa, que nunca podría ser sustituida por ninguna otra cosa. No sólo debemos mandarla celebrar, sino también asistir a ella. En la Santa Misa ofrecemos al Padre Celestial los méritos y sufrimientos de su Divino Hijo, sus santas Llagas y su preciosa Sangre, su tormentosa expiación. En su amor misericordioso por las almas, Él nos permite transferir este infinito y precioso tesoro a su favor, e igualmente recibir y ofrecer por ellas la Sagrada Comunión, claro está, todo sólo por medio de nuestra Santísima Madre. Ana María Lindmayr hace énfasis en esto: "Todas las buenas obras deben confiarse a nuestra Madre, no debemos ofrecer nada según nuestro propio querer".


"Les ayuda de un muy modo especial las llamadas "Misas Gregorianas", que se aplican durante todo un mes por los difuntos. Su origen se remonta al Papa San Gregorio Magno (540-604).


En su libro Diálogos se lee que San Gregorio tuvo una revelación por la que constataba que un religioso llamado Justo había pasado del Purgatorio a la Gloria gracias a la celebración de la Santa Misa, en la que se pidió por su eterno descanso y el perdón de sus pecados durante 30 días consecutivos... Después esto se hizo una costumbre... Las condiciones eran:

 


1º Las treinta Misas debían celebrarse en forma continua, sin interrupción, con excepción del Viernes Santo y debían aplicarse siempre por los mismos difuntos. 2º No era necesario que las celebrara un mismo sacerdote, ni en un mismo altar, ni en memoria de San Gregorio.



2. Por medio del sufrimiento reparador. Cualquier sufrimiento que se ofrezca por ellas les proporciona un gran alivio. La Beata Ana Catalina Emmerick dice: "Es imposible describir qué enorme consuelo les llevamos a las pobres almas con nuestro autodominio y nuestros pequeños sacrificios". Se sabe del Santo Cura de Ars que él pidió a Dios de poder sufrir por las noches en favor de las Almas del Purgatorio.



3. El rezo del Santo Rosario, después de la Santa Misa, es el medio más eficaz para ayudarlas. Por medio del Rosario son diariamente liberadas muchas almas, que de lo contrario habrían seguido sufriendo por muchos años más. Por este medio las encomendamos a la poderosa intercesión de la Madre de Dios, quien con el mayor de los gustos las socorre, ella que es la más grande consoladora.



4. También con el rezo y meditación del Vía Crucis les aliviamos en gran medida sus tormentos, ofreciendo al Padre los dolores y muerte de su amado Hijo y las lágrimas de su querida Madre.
En cada estación podríamos agregar "Oh Jesús mío, por tu crucifixión, ten piedad de nosotros y de todos los difuntos". También les es de gran provecho la oración de las cinco llagas, especialmente frente a la tumba del difunto.



5. Las indulgencias son de un valor inestimable, fue lo que dijeron las almas a María Simma (1915-2004). Ciertamente, pues ellas acortan sus padecimientos; de hecho, la indulgencia es la remisión total o parcial ante Dios de un castigo temporal por pecados que han sido perdonados, pero no expiados.
Atendamos a estos tesoros de gracias que Jesús ha ganado para nosotros con su pasión y nos es dado por medio de la Iglesia.



6. Ejercicios de virtud y buenas obras. Jesús, por medio de Ana María Lindmayr, nos recomienda: "Debemos proponernos cada semana una virtud específica y ejercitarnos en ella ante Dios y los hombres, aprovechando cada oportunidad que se nos presente". Estos actos, sin embargo, debemos ponerlos en manos de la Santa Madre, por medio de nuestro Ángel Custodio, para que ella los use como convenga mejor. Por ejemplo, los actos de humildad y de renuncia de sí mismo pueden servir para aquellas almas que deben sufrir a causa de su soberbia y desprecio de los demás". Ella dice expresamente: "Es justamente con la humildad que podemos ayudar a las Pobres Almas, mucho más que con cualquier penitencia que pudiésemos hacer".


Los sufrimientos de las almas que en vida pecaron con el demasiado comer y beber pueden ser aliviados con el ayuno; otras, en cambio, tienen necesidad de actos de paciencia y dulzura, para verse libres de las penas debidas a su impaciencia e ira. Los tormentos de quienes fueron duros de corazón pueden ser mitigados con las obras de misericordia, a estos les ayuda especialmente ayudar con donaciones para las misiones.



7. Un medio muy fácil para ayudarlas es la buena intención, por ejemplo, antes de hacer cualquier cosa decir: "En nombre de Dios" o "Jesús, todo por ti" o "Todo por tu Sagrado Corazón por medio de tu Santísima Madre".


Aquella Monja difunta dijo esto tan importante a su Hermana: "Sucede en el mundo, y hasta en los Monasterios, que muchas acciones y obras buenas en sí mismas no obtendrán en el día de la recompensa premio alguno por no haber sido antes ofrecidas a Dios".


También el llamado acto heroico de caridad hace parte de estas buenas intenciones en alivio de las almas.


Este acto consiste en ofrecer voluntariamente todas las obras buenas que hagamos en favor de los difuntos. Con esto no perdemos nada, porque: "Aquello que hicieron al más pequeño de mis hermanos, a mí me lo hicieron".



8. Algo bastante útil para las pobres almas, indica Ana María Lindmayr, es el agua bendita. Con frecuencia el Señor le encargaba rociar agua bendita. Tenía la piadosa costumbre de antes de acostarse dar agua bendita a las Almas del Purgatorio.


Ella escribió: "Una noche me olvidé y me fui a dormir; mas las pobres almas permanecieron todo el tiempo dando vueltas alrededor de mi cama, me levanté y las rocié con el agua bendita. Sólo hasta entonces pudieron descansar". Las Almas Santas sienten la fuerza purificadora y santificante del agua bendita, igualmente el amor con el cual se les da.


Santa María Magdalena de Pazzi solía decir a sus novicias: "¡Hermanas, no suban inútilmente las escaleras!", queriéndoles decir que hasta la más pequeña acción la hiciesen como acto de obediencia y con recta intención, ofreciéndola a Jesús por amor a Él!



9. Incluso el encender velas en su nombre las ayuda. Primero, por tratarse de un gesto de atención y amor hacia ellas; y lo otro, porque al estar benditas iluminan las tinieblas en que se puedan encontrar. Meditemos sobre nuestra enorme miseria y la desgracia que es estar en pecado, incluso venial, y hagamos nuevamente el firme propósito de combatir, con una entera confianza en la gracia de Dios, nuestra debilidad y nuestra maldad.


Vivamos desde hoy mismo conscientes de la Divina presencia de Jesús en nosotros para que seamos invadidos de Su Amor, que todo lo abraza, y conformados plenamente a Él. En esta íntima unión con Dios podremos desprendernos de todo y dar mucho más a aquellas que no pueden hacer nada por sí mismas: Las Pobres Almas del Purgatorio.



Oración de ofrecimiento por las Almas del Purgatorio

Amabilísimo y buen Dios, porque es Tu voluntad que oremos por las pobres almas del Purgatorio, te ofrecemos por medio de las purísimas manos de María, nuestra Madre, todas las Misas celebradas en este día para gloria tuya y por la libertad de todas las almas del Purgatorio. Te rogamos humildemente que tengas piedad de todas ellas y canceles sus culpas, por los infinitos méritos de tu amadísimo Hijo. Amén

lunes, 25 de enero de 2021

La Virgen de la Cabeza Inclinada

La Virgen de la Cabeza Inclinada: un milagro sobre la necesidad de orar por las almas del purgatorio.

En la iglesia de los carmelitas de Döbling, un señorial distrito al norte de Viena (Austria), se venera una imagen de la Virgen con una historia singular: Nuestra Señora de la Gracia, conocida popularmente como María con la Cabeza Inclinada. 

Es una pintura al óleo, obra de un maestro desconocido de la escuela italiana de los siglos XV y XVI, y de un pequeño tamaño: 45x60 centrímetros. Tiene su origen en un milagro que nos recuerda la necesidad de rezar por las almas del purgatorio, para que alcancen pronto el Cielo.

El cuadro fue encontrado en 1609 por un religioso español en Roma, Domingo Urrusolo (o Ruzola o Ruzzola en Itala), quien adoptaría en religión el nombre de Domingo de Jesús María (1559-1630), natural de Calatayud (Zaragoza), fue uno de los primeros monjes de la reforma teresiana, y había llegado a la Ciudad Eterna en 1604. Allí fundó el primer convento carmelita en la Urbe, el de Santa Maria della Scala, en el Trastevere.

Buscando un lugar para fundar el segundo monasterio romano, el de Santa María de la Victoria, encontró una casa medio en ruinas. Mientras la revisaba a fondo para estudiar su adquisición, pasó ante un montón de escombros. 

Iba a continuar su trabajo, cuando algo le dijo que debía mirar más cuidadosamente entre aquella basura. Empezó a apartar trozos de madera y enseres viejos, hasta que reparó en lo que parecía ser un cuadro antiguo. Cuando pudo rescatarlo, comprobó que era una bella pintura de la Virgen María.

El Milagro

En el diario donde anotaba sus gestiones como prior, lo primero que escribió aquel día fray Domingo fue el sentimiento que le invadió al verla: "Siento, querida Madre, que alguien haya tratado tu imagen de forma tan terrible. Te llevaré al monasterio conmigo, te colgaré en mi celda y te tributaré el homenaje que mereces". Así lo hizo. La restauró en cuanto pudo y supo, y le rezaba todos los días, pidiéndole su ayuda en los desvelos por hacer fructificar la orden en Italia.

Pero un día, los rayos del sol que entraban por su ventana se posaron sobre la pintura y descubrieron una mancha que el buen monje no había detectado antes. Lamentando lo que consideraba una negligencia suya y el trapo sucio con el que se aprestó a remediarla, empezó a limpiarla cuando sucedió el milagro. La imagen le sonrió y se inclinó levemente en signo de gratitud, al tiempo que le daba las gracias por las atenciones que le había dedicado.

Fray Domingo se asustó, temiendo estar siendo engañado por el Enemigo. Entonces la Virgen le dijo: "No temas, hijo mío. Pídeme lo que quieras y te lo concederé como recompensa por tu amor a mi Hijo y a mí". El carmelita le pidió entonces que liberase del Purgatorio a un amigo suyo, y recibió la promesa de hacerlo si él se sacrificaba por ello y le ofrecía misas con esa intención. Y la imagen quedó fijada tal como se la conoce hoy.

El religioso cumplió lo que María le había pedido, y al cabo de un tiempo se le apareció para comunicarle que su amigo había sido acogido ya en el Cielo. Y dijo algo más: "A quienes me veneren en esta imagen y busquen refugio en mí, les concederé las gracias que me pidan, especialmente quienes me pidan por la liberación de las almas del purgatorio".

sábado, 23 de enero de 2021

Santa Liduvina patrona de los enfermos crónicos


Esta santa es la Patrona de los enfermos crónicos. Ella nos enseña a aprovechar la enfermedad para pagar nuestros pecados, convertir pecadores y conseguir un gran premio en el cielo. 

Santa Liduvina llegó a amar de tal manera sus sufrimientos que repetía: "Si bastara rezar una pequeña oración para que se me fueran mis dolores, no la rezaría". 

Descubrió que su "vocación" era ofrecer sus padecimientos por la conversión de los pecadores. Se dedicó a meditar fuertemente en la Pasión y Muerte de Jesús. Y en adelante sus sufrimientos se le convirtieron en una fuente de gozo espiritual y en su "arma" y su "red" para apartar pecadores del camino hacia el infierno y llevarlos hacia el cielo. Decía que la Sagrada Comunión y la meditación en la Pasión de Nuestro Señor eran las dos fuentes que le concedían valor, alegría y paz.

Cuentan las antiguas crónicas que recién paralizada una noche Liduvina soñó que Nuestro Señor le proponía: "Para pago de tus pecados y conversión de los pecadores, ¿qué prefieres, 38 años tullida en una cama o 38 horas en el purgatorio?". Y que ella respondió: "prefiero 38 horas en el purgatorio". Y sintió que moría que iba al purgatorio y empezaba a sufrir. Y pasaron 38 horas y 380 horas y 3,800 horas y su martirio no terminaba, y al fin preguntó a un ángel que pasaba por allí, "¿Por qué Nuestro Señor no me habrá cumplido el contrato que hicimos? Me dijo que me viniera 38 horas al purgatorio y ya llevo 3,800 horas". El ángel fue y averiguó y volvió con esta respuesta: "¿Qué cuántas horas cree que ha estado en el Purgatorio?" ¡Pues 3,800! ¿Sabe cuánto hace que Ud. se murió? No hace todavía cinco minutos que se murió. 

Su cadáver todavía está caliente y no se ha enfriado. Sus familiares todavía no saben que Ud. se ha muerto. ¿No han pasado cinco minutos y ya se imagina que van 3,800?". 

Al oír semejante respuesta, Liduvina se asustó y gritó: Dios mío, prefiero entonces estarme 38 años tullida en la tierra. Y despertó. Y en verdad estuvo 38 años paralizada y a quienes la compadecían les respondía: "Tengan cuidado porque la Justicia Divina en la otra vida es muy severa. No ofendan a Dios, porque el castigo que espera a los pecadores en la eternidad es algo terrible, que no podemos ni imaginar.
Dicen los que escribieron su biografía que después de cada éxtasis se afirmaba más y más en su "vocación" de salvar almas por medio de su sufrimiento ofrecidos a Dios, y que al finalizar cada una de estas visiones aumentaban los dolores de sus enfermedades pero aumentaba también el amor con el que ofrecía todo por Nuestro Señor.

Y el 14 de abril de 1433, día de Pascua de Resurrección poco antes de las tres de la tarde, pasó santamente a la eternidad.

viernes, 22 de enero de 2021

San Juan Macias y el Purgatorio

SAN JUAN MACÍAS: EL SANTO QUE LIBERÓ A UN MILLON CUATROCIENTAS MIL ALMAS DEL PURGATORIO!!

Una de las características principales de la vida de san Juan Macías fue su amor y devoción a las almas del purgatorio. Muchos testigos certificaron en el Proceso que nunca lo habían visto sin tener el rosario en su mano izquierda. 

Lo tenía en la mano cuando partía el pan en el comedor, y cuando se le preguntaba por quién estaba rezando el rosario, siempre decía que por las almas del purgatorio. 

Una noche, estando en la iglesia, le dieron voces de la capilla de enfrente, llamándolo por su nombre. 

Alzó los ojos y vio un gran número de gentes que le pedían con lágrimas y suspiros los encomendase a Dios y aplicase por ellos sus oraciones, ayunos y penitencias. Le decían: “Siervo de Dios, acuérdate de nosotras, no nos olvides; socórrenos con tus oraciones en la presencia de Dios y ruega a su divina Majestad que nos saque de estas penas”. Era tanta la multitud que parecía un gran enjambre de abejas y, entendiendo que eran las almas benditas del purgatorio, les respondió: “¿Qué puedo yo, santas almas, hacer ni pedir por vosotras, siendo un hombre tan miserable?”. 

Y desde entonces comenzó a rogar por ellas, aplicándoles uno de tres rosarios, que de rodillas, rezaba todos los días y veinte estaciones al Santísimo Sacramento cada día; y de sus comuniones, una sí y otra no, con otras obras de piedad, ayunos y penitencias… Y le visitaban muchísimas almas, unas dándole gracias del beneficio que habían recibido, y otras, que no habían venido, le buscaban para empeñarle con Dios a que rogase por ellas. Y el siervo de Dios multiplicaba sus ruegos, doblaba sus penitencias y continuaba los ayunos. 

Otra noche estaba en oración y oyó sobre el altar una gran palmada que estremeció la capilla y luego, inmediatamente, un suspiro triste y lastimero; y entendió luego que era alguna alma en pena y le preguntó quién era. Le respondió que era el alma de fray Juan Sayago que venía a valerse de sus ruegos para con Dios; que tuviese lastima de él y procurase sacarle del purgatorio, porque estaba padeciendo atrocísimos tormentos. Le prometió hacerle así y, aquella noche y las dos que siguieron, le aplicó todas sus obras interiores y exteriores a este hermano, que era un religioso lego de la misma Orden, que acababa de expirar en el convento del Rosario de Lima, y era a la misma hora en que, sacando de la enfermería el cadáver, lo habían puesto en la iglesia para enterrarlo al día siguiente... 

A los tres días, estando en el mismo altar, vio salir una visión hermosa y resplandeciente que, poco a poco, se fue elevando hacia el cielo, y entendió que era el alma del fraile lego, su hermano, que libre del purgatorio, pasaba de aquellas penas al descanso de la bienaventuranza . 

Él dijo alguna vez que, según una revelación divina, había conseguido la liberación del purgatorio de un millón cuatrocientas mil almas. Algunos sacerdotes de su Comunidad dieron testimonio de esta cifra en el segundo proceso de Lima, diciendo que habían leído con certeza esta cifra en la relación de su muerte que circulaba en toda la provincia dominicana de San Juan Bautista del Perú. 

Especialmente, su anciano confesor, el padre Gonzalo García, juró habérselo oído decir y lo mismo el que fue su Prior, el padre Blas de Acosta, quien aseguró: Todos los días rezaba el rosario por las almas del purgatorio y hasta aquella hora (en que fray Juan se lo declaraba) habían salido por sus oraciones del purgatorio un millón cuatrocientas mil almas, según bien lo recuerdo. Tanto el padre Blas cono el padre Gonzalo habían dicho eso mismo en el primer proceso diocesano.

martes, 5 de enero de 2021

Una Religiosa del Purgatorio dejo su huella visible

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Quedó una huella de la mano de la Hermana Teresa M. Gesta, en su visita desde el P
urgatorio en el Convento de las Terciarias Franciscanas, Foligno, Italia

El día 4 de noviembre de 1859 había muerto de apoplejía fulminante, en el convento de Terciarias Franciscanas de Foligno, una buena hermana llamada Teresa Margarita Gesta.

Fue por muchos años maestra de las novicias, y a la vez encargada de la pobre ropería del monasterio.

Había nacido en Córcega, en Bastia, en 1797 y había entrado en el monasterio en febrero de 1826.

Doce días después de la muerte de sor Teresa, el 17 de noviembre, la hermana Ana Felicia, que la había ayudado y que la reemplazó después de su muerte, iba a entrando en la ropería, cuando oye gemidos que parecían salir del interior del aposento.

Algo azorada, se apresuró a abrir la puerta: no había nadie.

Dejándose oír nuevos gemidos, a pesar de su ordinario valor, sintió miedo.
“¡Jesús, María!; –exclamó – ¿qué es esto?”.

Aún no había concluido, cuando oyó una voz lastimera, acompañada de este doloroso suspiro: “¡Oh, Dios mío! ¡Cuánto sufro! Oh Dios! ¡Peno tanto!”.

La hermana, estupefacta, reconoció pronto la voz de la pobre sor Teresa. Se repone como puede, y le pregunta:

“¿Y por qué?”
“A causa de la pobreza”, responde sor Teresa.
“¡Cómo!… – replica la hermana – ¡vos que erais tan pobre!”

“No es por mí misma, sino por las hermanas, a quienes he dejado demasiada libertad en este punto. Y tú ten cuidado de ti misma”.
Y al mismo instante la sala se llenó de un espeso humo, y la sombra de sor Teresa apareció dirigiéndose hacia la puerta, deslizándose a lo largo de la pared.

Llegando cerca de la puerta, exclamó con fuerza: “He aquí un testimonio de la misericordia de Dios”.

Y diciendo esto tocó el tablero superior de la puerta, dejando perfectamente estampada en la madera calcinada su mano derecha, y desapareciendo en seguida.

La pobre sor Ana Felicia se había quedado casi muerta de miedo. Se puso a gritar y pedir auxilio.

Llega una de sus compañeras, luego otra y después toda la Comunidad; la rodean y se admiran todas de percibir un olor a madera quemada.

Buscan, miran y observan en la puerta la terrible marca, reconociendo pronto la forma de la mano de sor Teresa, que era notablemente pequeña.

Espantadas, huyen, corren al coro, se ponen en oración, y olvidando las necesidades de su cuerpo, se pasan toda la noche orando, sollozando y haciendo penitencia por la pobre difunta, y comulgando todas por ella al día siguiente.

Espárcese por fuera la noticia; los Religiosos Menores, los buenos sacerdotes amigos del monasterio y todas las comunidades de la población unen sus oraciones y súplicas a las de las Franciscanas.

Este rasgo de caridad tenía algo de sobrenatural y de todo punto insólito.
Sin embargo, la hermana Ana Felicia, aun no repuesta de tantas emociones, recibió la orden formal de ir a descansar.
Obedece, decidida a hacer desaparecer a toda costa en la mañana siguiente la marca carbonizada que había causado el espanto de todo Foligno.

Mas, he aquí que sor Teresa Margarita se le aparece de nuevo.

“Sé lo que quieres hacer; – le dice con severidad –; quieres borrar la señal que he dejado impresa.
Sabe que no está en tu mano hacerlo, siendo ordenado por Dios este prodigio para enseñanza y enmienda de todos.

Por su justo y tremendo juicio he sido condenada a sufrir durante cuarenta años las espantosas llamas del purgatorio, a causa de las debilidades que he tenido a menudo con algunas de nuestras hermanas.

Te agradezco a ti y a tus compañeras tantas oraciones, que en su bondad el Señor se ha dignado aplicar exclusivamente a mi pobre alma; y en particular los siete salmos penitenciales, que me han sido de un gran alivio”.

Después, con apacible rostro, añadió:
“¡Oh, dichosa pobreza, que proporciona tan gran alegría a todos los que verdaderamente la observan!”. Y desapareció.

Por fin, al siguiente día, el 19, sor Ana Felicia, habiéndose acostado y dormido, a la hora acostumbrada, oye que la llaman de nuevo por su nombre, despiértase sobresaltada, y queda clavada en su postura sin poder articular una palabra.

Esta vez reconoció también la voz de sor Teresa, y al mismo instante se le apareció un globo de luz muy resplandeciente al pie de su cama, iluminando la celda como en pleno día, y oyó que sor Teresa con voz alegre y de triunfo, decía estas palabras:

“Fallecí un viernes, día de la Pasión y otro viernes me voy a la Gloria… ¡Llevad con, fortaleza la cruz!… ¡Sufrid con valor!”.

Se transfigura en una nube ligera, blanca, deslumbrante, y volando al cielo desaparece.
Y añadió con dulzura: “¡Adiós! ¡adiós! ¡adiós!…”.

Abrióse en seguida una información canónica por el obispo de Foligno y los magistrados de la población.

El 23 de noviembre, en presencia de un gran número de testigos, se abrió la tumba de sor Teresa Margarita, y la marca calcinada de la pared se halló exactamente conforme a la mano de la difunta.

El resultado de la información fue un juicio oficial que consignaba la certeza y la autenticidad de lo que acabamos de referir.
En el convento se conserva con veneración la puerta con la señal calcinada.

La Madre abadesa, testigo del hecho, se ha dignado enseñármela (dice Mons. de Ségur), y mis compañeros de peregrinación y yo hemos visto y tocado la madera que atestigua de modo tan temible que las almas que, ya sea temporal, ya sea eternamente, sufren en la otra vida la pena del fuego, están compenetradas y quemadas por el fuego.

Cuando, por motivos que sólo Dios conoce, les es dado aparecer en este mundo, lo que ellas tocan lleva la señal del fuego que les atormenta.

Parece que el fuego y ellas no forman más que uno; es como el carbón cuando está encendido.

domingo, 3 de enero de 2021

Hay niños en el Purgatorio

¿HAY NIÑOS EN EL PURGATORIO?
Hay niños que empiezan a tener uso de razón antes de lo que se piensa. Y dándose cuenta de que obran mal, suelen decir mentiras, reñir con otros, desobedecer a sus padres, cometer pequeños robos, decir palabras malsonantes, insultar a otros, y ni qué decir los niveles de pecado que estas nuevas generaciones han alcanzado.
Por eso tiene explicación lo que escribió la Venerable Doña Marina de Escobar, una mística española declarada venerable por la Iglesia Católica. Esto fue lo que escribió en su diario:
“Me mostró el Señor muchas almas de niños pequeños, como de siete años abajo, que me parecería a mí padecían grandes penas en el Purgatorio. Estaban como crucificadas, extendidos los bracitos y díjome Su Majestad: ‘Preocúpate por estas almas, ruega por ellas, como sueles hacerlo con las demás almas del Purgatorio y aplícales Comuniones’.

Pues, Señor mío, dije yo, estos niños, ¿cómo es que van al Purgatorio y padecen tanto? ‘Penas padecen -respondió el Señor-; pero no son tan grandes como a ti, lastimada de verlos, te parecen. Sabe que estas almas de niños de poca edad, murieron con culpas ligeras y veniales, que es necesario las paguen.

Mas como vosotros, cuando mueren estos tales, los llamáis angelitos y pensáis que enseguida van al Cielo, sucede que no ofrecéis Misas, ni los socorréis con otras buenas obras, no siendo auxiliados sino con sólo los sufragios comunes de la Iglesia, motivo por el que permanecen largo tiempo en sus penas, hasta salir por sus cabales, hasta que cumplen todo el tiempo a que se los destinó sufrir, sin abreviársele este tiempo debido a ese error de creérselos ya en el Cielo y no socorrérselos como a los difuntos adultos con toda clase de sufragios. Ruégame, pues, tú por ellos, en tus oraciones’.

Hice lo que el Señor me mandaba, quedando harto enseñada de lo meticulosa que es la DIVINA JUSTICIA en purificar a toda alma (sea de quien sea) para que pueda luego ir a gozarle en la Gloria”. (Libro II, cap. 17)
   
TAMBIÉN LOS NIÑOS VAN AL PURGATORIO
La beata María Ana Lindmayr vio también niños en el Purgatorio. Su hermana Ana Catalina (de casada Winkler), tuvo dos hijos: Félix e Ignacio. Félix murió el 23 de Marzo de 1701, e Ignacio lloró mucho por su muerte. Félix era un buen niño, muy diferente de Ignacio, que por el contrario era violento, colérico y desobediente, pero muy inteligente. La beata oró para que, si no iba a vivir según los mandatos de Dios, Él se lo llevara consigo aún inocente. En ese momento el niño se encontraba bien de salud. El 20 de Mayo Ignacio fue preso de una gran nostalgia de Félix, se puso muy triste y decía que quería irse con su hermanito. Ese mismo día convulsionó, sufrió hasta el 8 de Junio, después se calmó, y el 14 de Junio murió sin haber llegado aún a los cuatro años de edad.
  
Pocos días después se apareció Ignacio a Ana María, y a los lados lo acompañaban sus dos hermanitos (uno ya había muerto antes de Félix). Ignacio llevaba una túnica gris y estaba muy triste. La tía rezó por él y le fue revelado que Ignacio ya había pecado y por eso debió ir al Purgatorio.
  
Dos días después volvió a ver a Ignacio, pero ahora en brazos de su Ángel Custodio que lo llevaba al Cielo. La beata escribe al respecto: “He visto muchos niños desde los cuatro años en adelante en el Purgatorio, y he aprendido que cuando estos están para morir, hay que hacerlos arrepentirse y confesarse; se les debe absolver y dar la extremaunción”.
  
Del libro de Ana María Lindmayr, Mein verkehr mit armen seelen: Aus dem Tagebuch einer Carmelitin. Christiana-Verlag, 1978.
    
OFREZCAMOS EL SANTO ROSARIO, COMUNIONES Y MISAS POR LAS ALMAS DE NIÑOS EN EL PURGATORIO
  
“No puedo explicar la compasión que me causa ver a las almas del Purgatorio. Pero nada hay más consolador que contemplar su paciencia y ver cómo se alegran las unas de la salvación de las otras. He visto niños también en ese lugar” (Bienaventurada Ana Catalina Emmerick, Visión del 2 de Noviembre de 1822).

lunes, 21 de diciembre de 2020

Ofrecimiento por las Almas del Purgatorio

DEVOTÍSIMO OFRECIMIENTO DE LA SAGRADA PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.

POR LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO (se reza cada día de la semana)

OFRECE LAS PENAS Y EL TORMENTO QUE EL SEÑOR PADECIÓ DESDE QUE FUE PRESO HASTA QUE LO PRESENTARON AL PONTÍFICE ANÁS, DICIENDO:
Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús por las almas del purgatorio, aquella prontitud de ánimo que mostraste para morir cuando, levantaos de la oración bañado del sudor de sangre, saliste a encontrar a tus enemigos, diciendo que Tú eras Aquel a quienes ellos buscaban.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús por las almas del purgatorio, el gran dolor que sentiste por la gravísima culpa de la traición de Judas, vendiéndote a los judíos por treinta dineros, y con el fingido ósculo de paz entregándote en manos de vuestros enemigos: Dolor tan agudo y sensible que es uno de los mayores que atravesaron tu piadosísimo Corazón.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús por las almas del purgatorio, aquellos actos de heroica piedad con que diste lugar a tus crueles, enemigos, para que se levantasen de la tierra, y curaste la oreja, que tu fervoroso  discípulo había cortado con celo de tu defensa al indigno siervo del Pontífice que te venía a aprender.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús por las almas del purgatorio, aquella gravísima tribulación que padeciste cuando fuiste envestido en el huerto por tanto número de soldados, quienes  te prendieron y ataron con tan inhumana crueldad, que es imposible comprenderla con humano discurso.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús por las almas del purgatorio, aquella admirable paciencia con que sufriste tantos golpes, oprobios y baldones, hasta arrancar los cabellos de tu sacrosanta cabeza, estando Tú como cordero humildísimo sin responder palabra alguna.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús por las almas del purgatorio, aquellos actos internos que en medio de las opresiones hacías de amor de Dios, de tolerancia y resignación, ofreciendo siempre al Eterno Padre todos aquellos malos tratamientos que te hacían, en satisfacción de nuestros pecados.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús por las almas del purgatorio, aquel dolor vivísimo que te atravesó el corazón cuando, en medio de tales tribulaciones, te hallaste solo y abandonado de vuestros más caros amigos, los cuales, cuando, te vieron preso y atado, huyeron todos.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús por las almas del purgatorio, aquellas aflicciones y dolores que sufriste desde el huerto hasta la casa de Anás, por tantos golpes que te daban y las blasfemias que te decían los verdugos, haciéndoos caminar, con tanta prisa y desprecio por fuera y dentro de la ciudad.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús por las almas del purgatorio, aquel acto de humildad y mansedumbre cuando delante del Pontífice Anás estuviste con las manos atadas en forma de reo y oyendo los cargos que te hacían y las falsa acusaciones que daban contra Ti, como si fueras el hombre más facineroso y más malo del mundo.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús por las almas del purgatorio, aquella cruelísima bofetada que te dio aquel hombre vilísimo con tan infernal furia, que te desfiguro la mejilla, y la indecible paciencia y mansedumbre con que hablaste a aquel indigno Pontífice.

ORACIÓN.
PARA CADA DÍA DESPUÉS DE LOS OFRECIMIENTOS
PARA GANAR LAS SANTAS INDULGENCIA CONCEDIDAS POR CADA UNO DE ELLOS.

Dios eterno, por tu inmensa clemencia, y en nombre de tu hijo Jesucristo, y por los méritos de su pasión santísima, te suplico concedas eterno descanso a las afligidas almas que están retenidas en las acerbÍsimas penas del Purgatorio, para cuanto antes gocen de la bienaventuranza eterna, como lo desean. También te pido humildemente, Dios mío, en nombre de Jesucristo, hijo tuyo y redentor del mundo, perdones todos los pecados que yo y todos los vivientes hemos cometido, que a todos nos des verdadero arrepentimiento, para enmendarnos y observar tu divina ley, con los auxilio de gracia que necesitamos, para mejor servirte en esta vida y alabarte en la eterna gloria, que esperamos por tu infinita misericordia. Amén.

Padre nuestro, Avemaría y Gloria Patri

Señor, pésame de haber pecado, ten misericordia de nuestras almas y descansen en paz las del Purgatorio, auméntese y tenga perfecta paz y tenga prefecta paz y unión la cristiandad toda, extírpense todas las herejías y conviértanse todos los herejes a tu Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana, cuyas necesidades sean socorridas superabundantemente, todo en honra y gloria de la Santísima Trinidad. Amén.

ORACIÓN.
Oh Dios, creador y redentor de las almas, concede a las de tus siervo y siervas la redención de todos sus pecados, para que consigan por las piadosas oraciones de tu iglesia, la indulgencia y el perdón que siempre desearon. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

jueves, 10 de diciembre de 2020

Oracion a San José por un Alma del Purgatorio

ORACION A SAN JOSE POR UN ALMA DEL PURGATORIO.

Amorosísimo San José, que tan tiernamente amaste a Jesús y tan vivamente sentiste la privación de su presencia cuando le perdiste en el templo, te encomiendo con todo fervor el alma de (se dice el nombre), que, lejos tal vez de la beatífica presencia de Dios, está ahora padeciendo en el purgatorio.

!Oh santo patriarca! sé su consuelo en aquel lugar de pena y expiación, dígnate aplicarle los piadosos sufragios de los fieles, particularmente los míos. 

Constitúyete su intercesor para con Jesús y María y rompe con tu poderosa oración sus cadenas, para que pueda abismarse en el seno de Dios y gozar cuanto antes de la felicidad eterna. Así sea.

Señor Jesús, Tú que por tu pasión dolorosa redimiste a todas las almas, a aquellas que están el purgatorio llévalas al Cielo por intercesión de la Virgen y San José. Amén. 

sábado, 31 de octubre de 2020

2 de Noviembre Fieles Difuntos

Esta fiesta responde a una larga tradición de fe en la Iglesia: orar por aquellos fieles que han acabado su vida terrena y que se encuentran aún en estado de purificación en el Purgatorio. 

El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que los que mueren en gracia y amistad de Dios pero no perfectamente purificados, pasan después de su muerte por un proceso de purificación, para obtener la completa hermosura de su alma. 

La Iglesia llama "Purgatorio" a esa purificación; y para hablar de que será como un fuego purificador, se basa en aquella frase de San Pablo que dice: "La obra de cada uno quedará al descubierto, el día en que pasen por fuego. 

Las obras que cada cual ha hecho se probarán en el fuego". (1Cor. 3, 14). La práctica de orar por los difuntos es sumamente antigua. 

El libro 2º de los Macabeos en el Antiguo Testamento dice: "Mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados" (2Mac. 12, 46); y siguiendo esta tradición, la Iglesia desde los primeros siglos ha tenido la costumbre de orar por los difuntos. 

Al respecto, San Gregorio Magno afirma: "Si Jesucristo dijo que hay faltas que no serán perdonadas ni en este mundo ni en el otro, es señal de que hay faltas que sí son perdonadas en el otro mundo. 

Para que Dios perdone a los difuntos las faltas veniales que tenían sin perdonar en el momento de su muerte, para eso ofrecemos misas, oraciones y limosnas por su eterno descanso".

viernes, 9 de octubre de 2020

Oración por las Almas del Purgatorio


ORACIÓN A LA VIRGEN DEL CARMEN POR LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO.      
Dios misericordioso, que nos perdonas y quieres la salvación de todos los hombres, imploramos tu clemencia para que, por la intercesión de María Santísima y de todos los santos, concede a las almas de nuestros padres, hermanos, parientes, amigos y bienhechores, que han salido de este mundo, la gracia de llegar a la reunión de la eterna felicidad.

Santísima Virgen María, Reina del purgatorio; vengo a depositar en tu Corazón Inmaculado una oración en favor de las almas benditas que sufren en el lugar de expiación. Dígnate escucharla, clementísima Señora, si es ésta tu voluntad y la de tu misericordioso Hijo, Amén.

1.- María Reina del Purgatorio, te ruego por aquellas almas por las cuales tengo o pueda tener alguna obligación, sea de caridad o de justicia.

Dios te salve María…

Dales, Señor, el descanso eterno. Y la luz perpetua les alumbre. Descansen en paz. Amén.

2.- María, Reina del Purgatorio, te ruego por las almas abandonadas, olvidadas y a las cuales nadie recuerda; tú, Madre, que te acuerdas de ellas, aplícales los méritos de la Pasión de Jesús, tus méritos y los de los santos, y alcancen así el eterno descanso.

Dios te salve María…

Dales, Señor, el descanso eterno. Y la luz perpetua les alumbre. Descansen en paz. Amén.

3.- María, Reina del Purgatorio, te ruego por aquellas almas que han de salir más pronto de aquel lugar de sufrimiento, para que cuanto antes vayan a cantar en tu compañía las eternas misericordias del Señor.

Dios te salve María…

Dales, Señor, el descanso eterno. Y la luz perpetua les alumbre. Descansen en paz. Amén.

4.- María, Reina del Purgatorio, te ruego de una manera especial por aquellas almas que han de estar más tiempo padeciendo y satisfaciendo a la Divina Justicia. Ten compasión de ellas, ya que no pueden merecer sino sólo padecer; abrevia sus penas y derrama sobre estas almas el bálsamo de tu consuelo.

Dios te salve María…

Dales, Señor, el descanso eterno. Y la luz perpetua les alumbre. Descansen en paz. Amén.

5.- María, Reina del Purgatorio, te ruego de un modo especial por aquellas almas que más padecen. Es verdad que todas sufren con resignación, pero sus penas son atroces y no podemos imaginarlas siquiera. Intercede Madre nuestra por ellas, y Dios escuchará tu oración.

Dios te salve María…

Dales, Señor, el descanso eterno. Y la luz perpetua les alumbre. Descansen en paz. Amén.

Oración:

Virgen Santísima, te pido que, así como me acuerdo de las benditas almas del Purgatorio, se acuerden de mí los demás, si he de ir allá a satisfacer por mis pecados. En ti, Madre mía, pongo toda mi confianza de hijo, y sé que no he de quedar defraudado. Amén.

23 de Septiembre - Padre Pío

23 DE SEPTIEMBRE SAN PÍO DE PIETRELCINA (PADRE PÍO) El padre Francesco Forgione nació en Pietrelcina, provincia de Benevento, el...