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jueves, 5 de noviembre de 2020

5 de Noviembre Fiesta de las Santas Reliquias

Fiesta de las Santas Reliquias.

Hoy 5 de noviembre, celebra la Iglesia la Fiesta de las Santas Reliquias. Después de haber celebrado el día de todos los Santos, o sea, la fiesta de todas las almas que han entrado en el cielo, la Iglesia honra hoy las Santas Reliquias de sus cuerpos, que en la tierra quedan, esperando la resurrección gloriosa, de que son prenda segura.

Desde los primeros tiempos de la Iglesia se celebraban en las catacumbas los santos misterios sobre las tumbas de los mártires, para unir su sacrificio al del Salvador. Más tarde, en Roma, se erigieron basílicas en su honor; vastos relicarios que albergaban el sepulcro de los mártires más célebres. Los restos de quienes habían confesado su fe por el martirio se depositaban bajo el altar mayor, o confesión de las basílicas que se les consagraban; de ahí procede la costumbre de la traslación de las reliquias de los mártires, parte esencial de la ceremonia de la dedicación de una iglesia, así como también la de colocar reliquias de los santos mártires en todos los altares, en el hueco de una pequeña cavidad del ara, llamada tumba. La misa de las santas reliquias se halla compuesta en gran parte de pasajes entresacados de la liturgia de los mártires.


Recordemos por último lo afirmado en el Santo Concilio de Trento sobre las Santas Reliquias:

“Instruyan también a los fieles en que deben venerar los santos cuerpos de los santos mártires, y de otros que viven con Cristo, que fueron miembros vivos del mismo Cristo, y templos del Espíritu Santo, por quien han de resucitar a la vida eterna para ser glorificados, y por los cuales concede Dios muchos beneficios a los hombres; de suerte que deben ser absolutamente condenados, como antiquísimamente los condenó, y ahora también los condena la Iglesia, los que afirman que no se deben honrar, ni venerar las reliquias de los santos; o que es en vano la adoración que estas y otros monumentos sagrados reciben de los fieles; y que son inútiles las frecuentes visitas a las capillas dedicadas a los santos con el fin de alcanzar su socorro”.

En Madrid contamos con varios monasterios reales que conservan gran cantidad de reliquias de santos. El Real Monasterio del Escorial, el Monasterio de la Encarnación y el de las Descalzas Reales, estos dos últimos en el centro de la capital.

En 1567, el Rey Felipe II reclamó permiso al Papa para coleccionar reliquias y guardarlas donde él quisiera. En los siguientes 30 años consiguió reunir en El Escorial, no menos de 7.422 reliquias (aunque solo una parte ha sobrevivido en la actualidad), incluidos 12 cuerpos enteros, 144 cabezas y 306 miembros de santos y santas. Según los textos de Fray José de Sigüenza, «no tenemos noticia de Santo ninguno de que no haya aquí reliquia, excepto de tres».


Los relicarios que contienen las reliquias de los Santos, adoptan las más variadas formas, según la parte del cuerpo del santo que contenga: busto o cabeza parlante, brazos o arquetas; son traza de Herrera y en su mayoría fueron labrados por el platero Juan de Arfe Villafañe, la policromía corre a cargo de Fabrizio Castelo.

Las reliquias se guardan sobre varias baldas en los altares construidos a tal efecto en la cabecera de las naves laterales de la Basílica, en el altar de San Jerónimo contiene las reliquias de santos, y en el de la Anunciación las reliquias de santas. Ambos altares, pintados por Federico Zuccaro, son trípticos que permiten abrirse por delante para la contemplación y el culto; también pueden abrirse por detrás para tener acceso a las reliquias.

En Madrid merece una mención especial el relicario situado detrás del Altar Mayor del Monasterio de la Encarnación. Alberga un conjunto de más de 700 relicarios hechos en bronce, coral, marfil, maderas finas procedentes de Italia, Alemania, España y los Países Bajos. En el se conserva una ampolla que contiene sangre coagulada de San Pantaleón y que cada año se licua el día 27 de julio, fiesta del santo mártir.

También en la capital de España se encuentra una preciosa sala relicario en el Monasterio de las Descalzas Reales. Las primeras reliquias llegaron allí a partir de 1560 de la mano de Juana de Austria; la colección seguiría creciendo con María de Habsburgo, tras instalarse esta, en 1581, en los aposentos contiguos. La mayoría de las reliquias proceden de Europa central y de regalos enviados a lo largo del siglo XVII a las religiosas de la Casa de Austria que ingresaban en las Descalzas. La de Santa Cecilia, procedente, al igual que tantas otras reliquias, de las catacumbas romanas, se custodia en una arqueta de madera con decoración de plata repujada.

sábado, 31 de octubre de 2020

1 de Noviembre Festividad de Todos los Santos

REFLEXIÓN DE LA SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS 

Celebramos el día 1 de noviembre la Solemnidad de Todos los Santos, solemnidad que nos muestra la belleza del Cielo, de la Vida, de la santidad, frente a las fiestas paganas del Halloween, que no son sino una expresión de la monstruosidad de la cultura de muerte en la que vivimos, que le ha dado la espalda con desprecio al Dios de la Vida. 

Así, la Solemnidad de Todos los Santos es una fiesta que nos llena de esperanza, tal y como dice San Juan en la segunda lectura: «Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es» (1 Jn 3,2). El Señor vuelve a recordarnos hoy la llamada que nos ha hecho a mostrar la santidad y la belleza de Dios en nuestra vida concreta, sabiendo que ha sido Él el que nos ha elegido, junto al resto de la Iglesia, para Él y para esa misión: «Porque tú eres un pueblo consagrado al Señor tu Dios; él te ha elegido a ti para que seas el pueblo de su propiedad personal entre todos los pueblos que hay sobre la haz de la tierra» (Dt 7,6). Así, no podemos sino darle gracias al Señor por semejante gracia que nos ha concedido y combatir para defenderla: «Pero al presente, libres del pecado y esclavos de Dios, fructificáis para la santidad; y el fin, la vida eterna. Pues el salario del pecado es la muerte; pero el don gratuito de Dios, la vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro» (Rm 6,22-23).

El Señor nos promete la vida eterna, el estar insertos en comunión con Dios eternamente en el Cielo, y de hecho, comenzar a saborear aquí ya un poco la Vida Eterna, que como dice el mismo Jesucristo: «Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien Tú has enviado» (Jn 17,3). Pero, como dirá San Pedro: «Sed sobrios y velad. Vuestro adversario, el Diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. Resistidle firmes en la fe» (1 Pe 5,8-9).

Día tras día el maligno nos presenta espejismos, falsas seguridades, placeres efímeros, deseando robarnos la semilla de la fe que nos ha plantado el Señor en el corazón, por lo que el Señor nos muestra la necesidad de combatir y defender la vocación a la que nos ha llamado, porque como dice San Pablo: «Ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios» (Ef 2,19), y «sabemos que si esta tienda, que es nuestra morada terrestre, se desmorona, tenemos un edificio que es de Dios: una morada eterna, no hecha por mano humana, que está en los cielos» (2 Co 5,1). 

Por tanto, el Señor nos invita a SER UNO CON ÉL en la Cruz, sabiendo que «Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva. Porque si hemos hecho una misma cosa con él por una muerte semejante a la suya, también lo seremos por una resurrección semejante» (Rm 6,4-5). 

Así, frente a la invitación del maligno de vivir en nuestra voluntad, el Señor nos llama a combatir, a amarle en la Cruz, a mostrarle a los demás la Vida Nueva que nos ha concedido el Señor gratuitamente en su Hijo Jesucristo; a desear la Vida Eterna: «Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y poco son los que lo encuentran» (Mt 7,13-14), mas «¡Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni en la senda de los pecadores se detiene, ni en el banco de los burlones se sienta, mas se complace en la ley del Señor, su ley susurra día y noche!» (Sal 1,1-2). Porque, ciertamente, «quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará» (Mt 16,25).

Por tanto, en esta solemnidad el Señor no sólo hace revivir en mí, como dirá Pablo, «la esperanza a que habéis sido llamados por él; cuál la riqueza de la gloria otorgada por él en herencia a los santos» (Ef 1,18), sino que me invita a dar testimonio del amor de Dios y de que existe el Cielo: «En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros» (Jn 14,2-3). Así, «si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra» (Col 3,1-2). Feliz día de Todos los Santos.

23 de Septiembre - Padre Pío

23 DE SEPTIEMBRE SAN PÍO DE PIETRELCINA (PADRE PÍO) El padre Francesco Forgione nació en Pietrelcina, provincia de Benevento, el...