Mostrando las entradas con la etiqueta vida. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta vida. Mostrar todas las entradas

domingo, 20 de junio de 2021

21 de Junio - San Luis Gonzaga

 El 21 de junio veneramos la memoria obligatoria de San Luis Gonzaga, patrono de la juventud cristiana y protector de los jóvenes estudiantes, quién pasó por muchas incomprensiones y sufrimientos en la “vida de lujo” que tuvo que experimentar, hasta que escuchó un “llamado especial”.

San Luis Gonzaga nació en 1568 en Italia en una familia noble. Su madre, preocupada por las cosas de fe, lo consagró a la Virgen y lo hizo bautizar. Mientras que al papá sólo le interesaba el futuro mundano del hijo y que fuese soldado como él.

San Luis frecuentaba mucho los cuarteles y allí aprendió la importancia de ser valiente, pero también adquirió un vocabulario rudo. Su tutor le hizo ver al pequeño que ese lenguaje era grosero, vulgar y blasfemo. Por lo que el muchacho jamás volvió a hablar de ese modo.    Poco a poco fue creciendo en la fe y a los nueve años hizo un voto de castidad. Cuando tenía trece años conoce al Obispo San Carlos Borromeo, quien queda impresionado con la sabiduría e inocencia de Luis y le da la Primera Comunión.

Algunos historiadores afirman que el ambiente que se vivía en la nobleza y sociedad de aquel entonces estaba llena de fraude, vicio, crimen y lujuria. Por lo que San Luis se sometió a un orden riguroso y prácticas de piedad constantes, sin descuidar sus responsabilidades en la corte.

Por asuntos de su padre tuvo que viajar a España y en la iglesia de los jesuitas en Madrid oyó una voz que le decía: “Luis, ingresa en la Compañía de Jesús”. Su madre tomó con alegría los proyectos de Luis, pero el papá montó en cólera y no aceptó fácilmente la inquietud vocacional de su hijo.

Más adelante, después de que se le enviara a diversos viajes y se le diera cargos importantes, el papá tuvo que ceder y escribió al general de los jesuitas diciéndole: “Os envío lo que más amo en el mundo, un hijo en el cual toda la familia tenía puestas sus esperanzas”.

San Luis ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús. Allí continuó con sus penitencias y mortificaciones que ya habían afectado su salud. Con el tiempo se convirtió en un novicio modelo, se mantuvo fiel a las reglas y siempre buscaba estar en los oficios más humildes. En ocasiones, durante el recreo o en el comedor, caía en éxtasis.     Por aquel entonces la población de Roma se vio afectada por una epidemia de fiebre, los jesuitas abrieron un hospital donde los integrantes de la orden atendían. Luis empezó a mendigar víveres para los enfermos y logró cuidar de los moribundos hasta que contrajo la enfermedad.

Se recuperó de ese mal, pero quedó afectado por una fiebre intermitente que en pocos meses lo redujo a un estado de gran debilidad. Acompañado de su confesor San Roberto Belarmino, se fue preparando para la muerte.

En una ocasión cayó en un arrobamiento y se le reveló que moriría en la octava del Corpus Christi. Con la mirada puesta en el crucifijo y el nombre de Jesús en sus labios, partió a la Casa del Padre alrededor de la media noche, entre el 20 y 21 de junio, con tan sólo 23 años de edad.

martes, 5 de enero de 2021

Una Religiosa del Purgatorio dejo su huella visible

.
Quedó una huella de la mano de la Hermana Teresa M. Gesta, en su visita desde el P
urgatorio en el Convento de las Terciarias Franciscanas, Foligno, Italia

El día 4 de noviembre de 1859 había muerto de apoplejía fulminante, en el convento de Terciarias Franciscanas de Foligno, una buena hermana llamada Teresa Margarita Gesta.

Fue por muchos años maestra de las novicias, y a la vez encargada de la pobre ropería del monasterio.

Había nacido en Córcega, en Bastia, en 1797 y había entrado en el monasterio en febrero de 1826.

Doce días después de la muerte de sor Teresa, el 17 de noviembre, la hermana Ana Felicia, que la había ayudado y que la reemplazó después de su muerte, iba a entrando en la ropería, cuando oye gemidos que parecían salir del interior del aposento.

Algo azorada, se apresuró a abrir la puerta: no había nadie.

Dejándose oír nuevos gemidos, a pesar de su ordinario valor, sintió miedo.
“¡Jesús, María!; –exclamó – ¿qué es esto?”.

Aún no había concluido, cuando oyó una voz lastimera, acompañada de este doloroso suspiro: “¡Oh, Dios mío! ¡Cuánto sufro! Oh Dios! ¡Peno tanto!”.

La hermana, estupefacta, reconoció pronto la voz de la pobre sor Teresa. Se repone como puede, y le pregunta:

“¿Y por qué?”
“A causa de la pobreza”, responde sor Teresa.
“¡Cómo!… – replica la hermana – ¡vos que erais tan pobre!”

“No es por mí misma, sino por las hermanas, a quienes he dejado demasiada libertad en este punto. Y tú ten cuidado de ti misma”.
Y al mismo instante la sala se llenó de un espeso humo, y la sombra de sor Teresa apareció dirigiéndose hacia la puerta, deslizándose a lo largo de la pared.

Llegando cerca de la puerta, exclamó con fuerza: “He aquí un testimonio de la misericordia de Dios”.

Y diciendo esto tocó el tablero superior de la puerta, dejando perfectamente estampada en la madera calcinada su mano derecha, y desapareciendo en seguida.

La pobre sor Ana Felicia se había quedado casi muerta de miedo. Se puso a gritar y pedir auxilio.

Llega una de sus compañeras, luego otra y después toda la Comunidad; la rodean y se admiran todas de percibir un olor a madera quemada.

Buscan, miran y observan en la puerta la terrible marca, reconociendo pronto la forma de la mano de sor Teresa, que era notablemente pequeña.

Espantadas, huyen, corren al coro, se ponen en oración, y olvidando las necesidades de su cuerpo, se pasan toda la noche orando, sollozando y haciendo penitencia por la pobre difunta, y comulgando todas por ella al día siguiente.

Espárcese por fuera la noticia; los Religiosos Menores, los buenos sacerdotes amigos del monasterio y todas las comunidades de la población unen sus oraciones y súplicas a las de las Franciscanas.

Este rasgo de caridad tenía algo de sobrenatural y de todo punto insólito.
Sin embargo, la hermana Ana Felicia, aun no repuesta de tantas emociones, recibió la orden formal de ir a descansar.
Obedece, decidida a hacer desaparecer a toda costa en la mañana siguiente la marca carbonizada que había causado el espanto de todo Foligno.

Mas, he aquí que sor Teresa Margarita se le aparece de nuevo.

“Sé lo que quieres hacer; – le dice con severidad –; quieres borrar la señal que he dejado impresa.
Sabe que no está en tu mano hacerlo, siendo ordenado por Dios este prodigio para enseñanza y enmienda de todos.

Por su justo y tremendo juicio he sido condenada a sufrir durante cuarenta años las espantosas llamas del purgatorio, a causa de las debilidades que he tenido a menudo con algunas de nuestras hermanas.

Te agradezco a ti y a tus compañeras tantas oraciones, que en su bondad el Señor se ha dignado aplicar exclusivamente a mi pobre alma; y en particular los siete salmos penitenciales, que me han sido de un gran alivio”.

Después, con apacible rostro, añadió:
“¡Oh, dichosa pobreza, que proporciona tan gran alegría a todos los que verdaderamente la observan!”. Y desapareció.

Por fin, al siguiente día, el 19, sor Ana Felicia, habiéndose acostado y dormido, a la hora acostumbrada, oye que la llaman de nuevo por su nombre, despiértase sobresaltada, y queda clavada en su postura sin poder articular una palabra.

Esta vez reconoció también la voz de sor Teresa, y al mismo instante se le apareció un globo de luz muy resplandeciente al pie de su cama, iluminando la celda como en pleno día, y oyó que sor Teresa con voz alegre y de triunfo, decía estas palabras:

“Fallecí un viernes, día de la Pasión y otro viernes me voy a la Gloria… ¡Llevad con, fortaleza la cruz!… ¡Sufrid con valor!”.

Se transfigura en una nube ligera, blanca, deslumbrante, y volando al cielo desaparece.
Y añadió con dulzura: “¡Adiós! ¡adiós! ¡adiós!…”.

Abrióse en seguida una información canónica por el obispo de Foligno y los magistrados de la población.

El 23 de noviembre, en presencia de un gran número de testigos, se abrió la tumba de sor Teresa Margarita, y la marca calcinada de la pared se halló exactamente conforme a la mano de la difunta.

El resultado de la información fue un juicio oficial que consignaba la certeza y la autenticidad de lo que acabamos de referir.
En el convento se conserva con veneración la puerta con la señal calcinada.

La Madre abadesa, testigo del hecho, se ha dignado enseñármela (dice Mons. de Ségur), y mis compañeros de peregrinación y yo hemos visto y tocado la madera que atestigua de modo tan temible que las almas que, ya sea temporal, ya sea eternamente, sufren en la otra vida la pena del fuego, están compenetradas y quemadas por el fuego.

Cuando, por motivos que sólo Dios conoce, les es dado aparecer en este mundo, lo que ellas tocan lleva la señal del fuego que les atormenta.

Parece que el fuego y ellas no forman más que uno; es como el carbón cuando está encendido.

jueves, 17 de diciembre de 2020

Santa María de la Rosa 15 de Diciembre

15 de Diciembre
Santa Maria de la Rosa, Fundadora. 

Nació en Brescia (Italia) en 1813, y al cumplir los 17 años, consagró su vida al servicio de obras de caridad. En la finca de sus padres fundó con las campesinas de los alrededores una asociación religiosa que las hizo crecer y madurar en la fe católica.

En su parroquia organizó retiros y misiones especiales para las mujeres. En 1836 llegó la peste del cólera a Brescia. Después de la peste, como habían quedado tantas niñas huérfanas, el municipio formó unos talleres artesanales y los confió a la dirección de María de la Rosa que apenas tenía 24 años pero que gozaba de la estima y confianza de toda la ciudad. Desempeñó ese cargo con gran eficacia durante dos años, y luego se dedicó a organizar su propia obra abriendo un internado para las niñas huérfanas o muy pobres. Poco después inauguró también un instituto para niñas sordomudas.

En 1840 se fundó en Brescia una asociación de mujeres piadosas para atender a los enfermos de los hospitales y nombraron como superiora a Santa María de la Rosa. Las mujeres que pertenecían a la asociación se llamaban Doncellas de la Caridad. Al principio sólo eran cuatro jóvenes, pero a los tres meses ya eran 32. Muchas personas admiraban la obra que las Doncellas de la Caridad hacían en los hospitales, atendiendo a los más abandonados y enfermos de gravedad. En 1850 se fue a Roma y obtuvo que el Papa Pío Nono aprobara su consagración.

Murió el 15 de diciembre de 1855.

martes, 1 de diciembre de 2020

3 de Diciembre San Francisco Javier

San Francisco Javier y su sobrenatural deseo de proclamar a Cristo Dios

Francisco nació cerca de Pamplona (España) en el castillo de Javier, en el año 1506. Siendo muy joven, fue enviado a estudiar a la Universidad de París, y allá se encontró con San Ignacio de Loyola, cuya amistad transformó por completo a Javier, encaminándolo por el camino de la santidad, del seguimiento de Cristo. 

El santo formó parte del grupo de los siete primeros religiosos con los cuales San Ignacio fundó la Compañía de Jesús. Ordenado sacerdote, colaboró con San Ignacio y sus compañeros en enseñar catecismo y predicar en Roma y otras ciudades. Un poco más tarde, San Ignacio le pidió a Javier que fuera a misionar a la India, a lo que obedeció inmediatamente. Puede decirse que con San Javier empezaron las misiones de los jesuitas, las cuales se caracterizarían por llevar innumerable cantidad de almas a Dios.

Llegado a destino, Francisco Javier, solamente con el libro de oraciones como único equipaje, recorrió India, Indostán, Japón y otras naciones. Además de bautizar por centenares y millares, obró numerosos milagros de curación corporal, al punto que la gente lo consideraba en santo en vida. Se estableció en la ciudad portuguesa de Goa, en la India y allí puso su centro de evangelización, dando clases de Catecismo para niños y adultos; además, promovió el hábito de la Confesión y de la Comunión sacramentales frecuentes. 

En cada región que evangelizaba, las gentes se convertían de a millares, por lo que dejaba catequistas en cada lugar, para que estos continuaran evangelizando. Era muy austero: comía sólo arroz, sólo tomaba agua, dormía en una pequeña y pobre choza. 

Sus viajes eran interminables y pasaba muchas penurias, pero el santo escribía: “En medio de todas estas penalidades e incomodidades, siento una alegría tan grande y un gozo tan intenso que los consuelos recibidos no me dejan sentir el efecto de las duras condiciones materiales y de la guerra que me hacen los enemigos de la religión”.

En un momento determinado, el santo decidió ir a misionar al Japón, pero resultó que allá lo despreciaban porque vestía muy pobremente, al contrario de lo que le sucedía en la India, en donde lo respetaban y veneraban por vestir como los pobres del pueblo. 

Entonces se dio cuenta de que en Japón era necesario vestir con cierta elegancia, para lo cual se vistió de embajador -título que poseía en la realidad, ya que el rey de Portugal le había conferido ese cargo- y así, con toda la pompa y elegancia, acompañado de un buen grupo de servidores muy elegantes y con hermosos regalos se presentó ante el primer mandatario. Al verlo así, lo recibieron muy bien y le dieron permiso para evangelizar, logrando convertir a un gran número de japoneses.

Podríamos decir que, hasta entonces, su tarea evangelizadora había tenido mucho éxito, tanto en India como en Japón y en muchos otros lugares. Sin embargo, en San Francisco ardía el fuego del Espíritu Santo, que lo hacía consumirse en deseos de proclamar la Buena Noticia de Cristo Dios a todos los hombres; por esta razón, no contento con su tarea evangelizadora en India y Japón, decidió ir a misionar a China, para allí convertir a la religión católica al mayor número posible de sus habitantes. 

Al emprender esta tarea, se dio con una primera gran dificultad: en China estaba prohibida la entrada a los blancos de Europa, aunque consiguió que el capitán de un barco lo llevara a la isla desierta de San Cian, a unos cien kilómetros de Hong–Kong. 

Llegados a este lugar, el santo fue abandonado por quienes lo habían llevado y pronto enfermó, muriendo en una pobre choza, aterido de frío y en soledad, el tres de diciembre de 1552, pronunciando el nombre de Jesús. Tenía sólo 46 años. A su entierro no asistieron sino un catequista que lo asistía, un portugués y dos negros. 

El Papa Pío X nombró a San Francisco Javier como Patrono de todos los misioneros porque fue si duda uno de los misioneros más grandes que han existido.

Mensaje de santidad.

Además de su sobrenatural deseo de proclamar a Cristo, reflejado en las increíbles penurias que tuvo que soportar a lo largo de sus innumerables viajes evangelizadores -en once años recorrió la India, el Japón y varios países más-, el mensaje de santidad de San Francisco Javier puede tal vez sintetizarse en la oración del día de su fiesta, que dice así: “Señor, tú has querido que varias naciones llegaran al conocimiento de la verdadera religión por medio de la predicación de San Francisco Javier”. 

Es decir, según la Iglesia, fue el mismo Dios Uno y Trino quien obró la evangelización de “numerosas naciones” a través de San Francisco Javier.

El santo fue un dócil instrumento en las manos amorosas de Dios, que por medio suyo reveló a quienes vivían en el paganismo, la Alegre Noticia de la Salvación de la humanidad por medio del Sacrificio de Cristo en la Cruz. 

Al recordarlo en su día, le pidamos al santo que interceda ante la Santísima Trinidad para que también nosotros nos veamos inflamados en el amor a Cristo, para proclamarlo a toda la humanidad, aun a costa de la vida terrena.

 


viernes, 27 de noviembre de 2020

Venerable Isabel I de Castilla, Catolica


Isabel la Católica, y valdría decir también la grande; ¡Con qué joyas de triunfo adornó la corona del glorioso Imperio!, digna es de ser llamada Madre de la Hispanidad, ella, que con homérico tesón labró el destino de una nación poderosa, donde el sol no se pondría jamás! Majestuosa diadema de laurel legó a cuantos bajo su estandarte recibieron el honor de formar parte de la Patria, cuya extensión no habría de conocer límites.  Modelo de Reina Católica, devolvió a la Cristiandad el áureo trono de Granada, bastión por siete siglos usurpado por el mahometano; no pudo el moro con  el ímpetu que corría por las venas de Isabel, sangre y fuego legado por sus valientes, católicos y santos antepasados, sin merma de aquella reciedumbre que los bravos ejércitos de antaño le inspiraron a seguir sin tregua la senda del buen combate, divisa honorable tan propia de los nobles de corazón. Bien representa nuestra Isabel el espíritu de milicia católica,  sólo un soldado sagaz de regia talla como la suya podía, con el sol cristianísimo de su valor, devolver la luz que Granada ansiaba recibir después de siglos sumergidos en las tinieblas de la idolatría. De la usura impía del judío limpió sus dominios, evitando que la desesperación llevase al pueblo a una masacre contra el avaro semita. Precursora del trato digno a los indígenas. Reformadora viril de la Iglesia, hizo brillar en sus reinos el fulgor de la santa Fe, entregando al orbe Católico ejemplo de franca religiosidad. 

Aurífero lauro de España, Isabel la Católica, que a semejanza de la ballesta, tensó sobre la cuerda del destino la saeta expansiva, dirigiendo hacia las altas cumbres de la gloria a una nación de corazón imperial, reclamando los dominios que le estaban destinados por designio divino; surcó el alma visionaria de Isabel los mares ignotos por medio de las carabelas, edificando por medio de ellas los murallones de una potencia grandiosa. Los vientos castellanos llegaron hasta los confines del mundo con su encanto y vasta cultura, propagándose por el orbe con ímpetus de progreso, que al amparo de Fernando e Isabel, se abrían camino por rutas inexploradas,  para gloria de Dios y de esa Patria, que estaban deseando unificar y expandir. 

Si hemos de recordar el 26 de noviembre de 1504, hagámoslo como merece la que ha cambiado la historia, recordando las memorables proezas realizadas a lo largo de su vida, para que siga perpetuándose en nuestros días su legado. 

Antes de las doce del día,  este valle de lágrimas vio a la más grande de las Reinas pasar a la gloria, a su haber dejando herencia, como hacen las buenas madres, arcas pletóricas de progreso, cultura y triunfos, pasajes de su vida católica que presentan a toda la humanidad el modelo del ideal de monarca justo y sabio representada en Isabel la Católica, cuya hidalga figura recuerdan los siglos con añoranza, por ver surgir en días aciagos como hoy, a una soberana de alma viril como la suya, que hiciera hazañas como las que antaño ella realizó con tanto heroísmo, y que evoca en los corazones honestos de hoy el alto concepto de mujer que nos testó su dignísima persona.

Isabel, emblema de coraje y determinación, femenina y modesta, flor de encanto que no sufrió detrimento en el recio ejercicio de gobierno, ni en las batallas, donde ella misma se apersonó para mostrar su valentía, nada logró ajar su galanura. Bajo su patrocinio proliferaron estudios de medicina, financió la edificación de grandes hospitales en Granada, Salamanca y Santiago. Junto a su esposo, el Rey Fernando, fomentaron el conocimiento  y fundaron varias universidades, entre ellas la de Alcalá de Henares.  

Isabel, mujer de vida cultivada a la luz de la fe y la razón, gustaba su espíritu delicado el exquisito vuelo que le ofrecía el arte, llevaba siempre consigo músicos, incluso en los campos militares, un amplio elenco de cuarenta cantores escogidos de su coro le acompañaban, cuyas voces eran escoltadas por violinistas, clavecinistas y flautistas. Más, si la suspicacia de uno dijera que esto no era más que una extravagancia, considérese aquí el concepto Español tradicional, que a semejanza de los antiguos griegos, se entendía la música como fundamento de toda la educación, y que no se tenía por instruido sino aquel que tenía conocimiento de este arte. Era, pues, Isabel avezada en estas materias, tal como lo exigía su dignidad de Reina, que también le impelía ser diestra en las artes de inteligencia militar, que lo era, sin duda.

Mientras el turco otomano usurpaba Constantinopla a los cristianos en 1453, Isabel, que había nacido en 1451, aparecía en la historia como signo preclaro de gloria para vengar más tarde el honor de la Cristiandad, devolviendo en 1492 el enclave de Granada al orbe católico y a los dominios de las Católicas Majestades. Brillen aquí las estrategias e inteligentes cavilaciones de ambos monarcas, cuya cruzada despertó ese sentimiento tan propio de la milicia cristiana y patriota, que no se dejaba ganar en tesón. Respaldados por su santidad Inocencio VIII, a los cuatro vientos el pontífice convocó a las naciones cristianas a unirse a la gesta de recuperar Granada, bastión de la Cristiandad, despertando en los corazones franceses, irlandeses e ingleses, el deseo de alistarse en las filas de los que habrían de dar frente al moro. Por fin, se acantonaron 50 mil hombres para embestir al infiel. Sin duda, el ejército estaba compuesto principalmente por españoles de distintas regiones; Gallegos, leoneses, vascos, castellanos, aragoneses, valencianos y andaluces, consolidarían la unidad de España en el campo de batalla.   

Cuenta Vizcaíno Casas sobre la ofensiva de los Reyes Católicos,  que en una de sus campañas por conquistar una ciudad bajo el dominio de los infieles, los oficiales quedaron perplejos al advertir que sería imposible llevar al campo de batalla sus pesados cañones. Enterándose la Reina Isabel,  pidió se le trajese un caballo para verificar los terruños por donde su ejército quería abrirse paso.  Era una montaña la que impedía el paso, y sin decir más, bajo su guía puso en obras a seis mil zapadores con palas y explosivos para pavimentar un nuevo sendero en la ladera de la montaña. Bajo la mirada del sol y del astro menor, trabajaron abarrotando barrancos, triturando piedras, talando árboles. Jornadas extenuantes de labores que dejaban a la vista el temple del ejército cristiano, y de su Reina, que no les dejaba en estos menesteres que ayudarían a labrar la victoria. Más de trece kilómetros de camino fueron cimentados en doce días; y mientras el burlón mahometano creía que los cristianos se habían quedado de brazos cruzados, un buen día, al despuntar la mañana, se vieron asediados por las negras fauces de los aplomados cañones, que rugían y amedrentaban con su imponente figura al enemigo. De tesón, valor y gallardía, ¡Isabel y sus ejércitos no se dejaban ganar, era cuestión de honor!    

En fin, estas letrillas tienen como única pretensión homenajear a aquella que por excelencia debe tenerse por modelo de mujer,  esposa, madre, cristiana, estadista, reformadora, conquistadora, propagadora de la cultura, y visionaria de la gesta del descubrimiento de América. No se puede en este día dejar de homenajear a la que fue y será ejemplo de virtud, perseverancia, tenacidad, templanza, magnanimidad y celo apostólico, ¡Desconoceríamos a la madre de la Hispanidad, rehusaríamos del carácter que hemos heredado de su sagaz espíritu y que nos dio a luz por medio de la hazaña que llevó a Colón a extender sus reinos!

Y tal día como hoy, un 26 de noviembre, pero de 1504 en Medina del Campo alzó el vuelo a las moradas eternas el Alma de tan recordada, insigne y valerosa Reina, Isabel de Castilla, fiel hija de la Iglesia, verdadero ejemplo de mujer, madre y esposa. Observante de la obra y vida del Seráfico Padre San Francisco de Asís, imitadora de su ejemplo en el celo de extender el Santo Evangelio a todo el orbe. 

Sobre el anhelo de nuestra Reina de como quería que fuesen celebradas sus exequias, nos narra su testamento:

"Y quiero y mando que mi cuerpo sea sepultado en el monasterio de San Francisco, que está en la Alhambra de la ciudad de Granada, rodeada de religiosos y religiosas de la dicha orden, vestida con el hábito del bienaventurado pobre de Jesucristo San Francisco, en una sepultura baja sin adorno, salvo una losa baja en el suelo, llana, con sus letras esculpidas en ella. Pero quiero y mando que si el rey mi señor eligiera sepultura en otra iglesia o monasterio de cualquier otra parte o lugar de mis reinos, que mi cuerpo sea allí trasladado y sepultado junto con el cuerpo de su señoría, porque el ayuntamiento que tuvimos en vida y que nuestras almas espero en la misericordia de Dios alcancen en el cielo, lo tengan y representen nuestros cuerpos en el suelo".

Que su ejemplo de virtud y catolicidad nos mueva a defender la sagrada fe con la misma valentía, como lo hizo ella.

Gianna de María V.I.C.M
Santiago de Chile.

lunes, 23 de noviembre de 2020

San Tarsicio el Santo de la Eucaristía

San Tarsicio, también conocido como Tarcisio (forma incorrecta de Tarsicio), Tarsicio de Roma o Tarsicio mártir fue, según el Martirologio romano y una evidencia epigráfica honorífico-funeraria, un joven que murió martirizado en la Vía Apia de Roma en torno al año 267 o 268 d.C., durante el gobierno del emperador Valeriano. Lo poco que se conoce sobre él con carácter hagiográfico es lo que transmite el martirologio, a lo que se suma la inscripción esculpida en su tumba por mandato del papa Dámaso I, obispo de Roma entre 366 y 384. Tarsicio, conocido como «el mártir de la Eucaristía», es venerado como patrono de los acólitos y monaguillos. El Martirologio romano lo celebraba el 15 de agosto.

En el año 258, Caesar Publius Licinius Valerianus Augustus, más conocido como Valeriano regía el Imperio romano. El emperador Valeriano ya era conocido entre los cristianos por proclamar edictos de persecución en los que se prohibía el culto cristiano y las asambleas, y se ordenaba la confiscación de los cementerios donde a menudo se reunían. Las motivaciones de Valeriano, alegadas por su propio procurator summarum rationum (procurador del patrimonio imperial) Macriano, eran hasta entonces inéditas: intentaba subsanar en parte el déficit estatal con los bienes de los cristianos.3​ En el edicto de agosto de 257, Valeriano «prohibió el culto cristiano, obligando al clero a sacrificar a los dioses so pena de destierro» (Actas de Cipriano). Un año más tarde (agosto de 258), un Senadoconsulto amplió el edicto al prescribir:

«[...] Los obispos, presbíteros y diáconos deben ser inmediatamente ejecutados; los senadores, nobles y caballeros, perdida su dignidad, deben ser privados de sus bienes, y si aun así continúan siendo cristianos, sufran la pena capital. Las matronas, despojadas de sus bienes, sean desterradas. Los cesarianos [libertos del césar] que antes o ahora hayan profesado la fe, confiscados sus bienes, y con el registro [marca de metal] al cuello, sean enviados a servir a los dominios estatales.»

Como resultado de ese edicto fueron martirizados en Roma los papas Esteban I (254-257) y Sixto II (257-258), y varios diáconos suyos, entre ellos el popular san Lorenzo, mientras que en África fue decapitado un referente indiscutido, el obispo Cipriano de Cartago.

El nombre «Tarsicio» proviene del latín (tarsus, valor) y significa «valeroso». Considerando la perspectiva geográfica, el nombre significa «el que nació en Tarso», ciudad que luego de la conquista romana fuera capital de la provincia de Cilicia.

San Tarsicio fue un joven convertido al cristianismo a mediados del siglo III, que colaboraba como acólito de la Iglesia de Roma en las catacumbas durante la persecución a los cristianos por parte de la administración del emperador Valeriano.

Después de participar en una Misa en las catacumbas de San Calixto fue comisionado por el obispo de Roma, Sixto II (257-258) para llevar la eucaristía a los cristianos que estaban en la cárcel, prisioneros por proclamar su fe en Cristo. Por la calle se encontró con un grupo de jóvenes paganos que le preguntaron qué guardaba bajo su manto. Tarsicio se negó a decir, y los otros lo atacaron con piedras y palos, posiblemente para robar lo que llevaba. El joven prefirió morir antes que entregar lo que él consideraba un tesoro sagrado. Otros detalles más legendarios indican que, cuando estaba siendo apedreado, habría llegado un soldado llamado Cuadrato, catecúmeno cristiano, quien reconoció a Tarsicio y alejó a los atacantes. Tarsicio le habría encomendado antes de morir que llevara la comunión a los encarcelados en lugar suyo.

El martirio del papa Sixto II y sus diáconos. Imagen del siglo XIV, tomada de Vies de saints (París, Francia, 185, Fol. 96v)
El Martirologio romano manifiesta lo siguiente: «En Roma, en la Vía Apia fue martirizado Tarsicio, acólito. Los paganos lo encontraron cuando transportaba el sacramento del Cuerpo de Cristo y le preguntaron qué llevaba. Tarsicio quería cumplir aquello que dijo Jesús: «No arrojen las perlas a los cerdos», y se negó a responder. Los paganos lo apedrearon y apalearon hasta que exhaló el último suspiro pero no pudieron encontrar el sacramento de Cristo ni en sus manos, ni en sus vestidos. Los cristianos recogieron el cuerpo de Tarsicio y le dieron honrosa sepultura en el cementerio de Calixto».

Poco después, según el Martirologio romano, el papa Sixto II también fue detenido durante la celebración de la Misa en el cementerio de Pretextato, y fue martirizado decapitado junto con los diáconos Januarius, Vincentius, Magnus y Stephanus, que lo acompañaban en la celebración eucarística. Al mismo tiempo sufrieron el martirio los diáconos san Felicísimo y Agapito, y poco tiempo después el diácono san Lorenzo.

martes, 3 de noviembre de 2020

4 de Noviembre San Carlos Borromeo

Cada 4 de noviembre la Iglesia celebra a San Carlos Borromeo, el Santo Patrono de San Juan Pablo II y muy ligado a la vida del Pontífice polaco.

San Carlos Borromeo nació en Italia en 1538 en una familia muy rica. Fue sobrino del Papa Pío IV y ocupó altos cargos eclesiásticos, llegando a ser Arzobispo de Milán y Cardenal.

Su participación en el Concilio de Trento fue clave para que éste se llevara a término, en la que se aprobaran muchos decretos dogmáticos y disciplinarios.

San Carlos se preocupó mucho por la formación de los sacerdotes. Destituyó a algunos presbíteros indignos y los reemplazó por personas que restauraran la fe y las costumbres del pueblo.

La vida de San Carlos Borromeo corrió grave peligro cuando la orden religiosa de los Humiliati, que poseía muchos monasterios, tierras y miembros corrompidos, intentaron desprestigiarlo para que el Papa anulase las disposiciones del Santo. Al no conseguir su cometido, tres priores de la orden armaron un complot para matarlo.

Jerónimo Donati, un mal sacerdote de la orden, aceptó asesinarlo por 20 monedas de oro, y le disparó cuando se encontraba orando en la capilla de su casa, pero la bala sólo tocó la ropa y el manto del Cardenal.

Cuando en Milán se propagó una terrible peste, San Carlos se consagró al cuidado de los enfermos. Como su clero no se daba abasto para asistir a las víctimas, pidió ayuda a los superiores de las comunidades religiosas y de inmediato muchos religiosos se ofrecieron como voluntarios.

Borromeo no se contentó con orar y asistir personalmente a los moribundos, sino que también agotó sus recursos para ayudar a los necesitados y contrajo fuertes deudas.

Fue amigo de San Francisco de Borja, San Felipe Neri, San Pío V, San Félix de Cantalicio, San Andrés Avelino y de muchos más. Llegó incluso a darle la primera comunión al adolescente San Luis Gonzaga.

Partió a la Casa del Padre el 4 de noviembre de 1584, siendo pobre y diciendo: "Ya voy, Señor, ya voy".

miércoles, 28 de octubre de 2020

Santos Simón y Judas Tadeo 28 de Octubre

Santos Simón y Judas Tadeo,Apóstoles - 28 de octubre

Patronazgos: Simón es patrono de los madereros, los trabajadores forestales, albañiles, curtidores, talabarteros, tejedores y tintoreros; y Judas protector en graves dificultades y preocupaciones, en situaciones desesperadas y «causas perdidas».

Oración:

Apóstol gloriosísimo de Nuestro Señor Jesucristo, aclamado por los fieles con el dulce título de ABOGADO DE LOS CASOS DESESPERADOS, hazme sentir tu poderosa intercesión aliviando la gravísima necesidad en que me encuentro. Por el estrecho parentesco que te hace primo hermano de Nuestro Señor Jesucristo, por la privaciones y fatigas que por El sufriste, por el heroico martirio que aceptaste gustoso por su amor, por la promesa que el divino Salvador hizo a Santa Brígida de consolar a los fieles que acudiesen a tu poderosa intercesión, obtenme del Dios de las misericordias y de su Madre Santísima la gracia que con ilimitada confianza te pido a Ti, Padre mío bondadosímo, seguro que me la obtendrás siempre que convenga a la gloria de Dios y bien de mi alma. Así sea.

Glorioso Apóstol San Judas Tadeo, ruega por nosotros. (Repetir 3 veces)

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración a san Judas Tadeo para pedir trabajo:

“Consígueme un trabajo en que me realice como humano y que a mi familia no le falte lo necesario…”

San Judas Tadeo, intercesor de todo problema difícil: consígueme un trabajo en que me realice como humano y que a mi familia no le falte lo necesario en ningún aspecto de la vida, que lo conserve a pesar de las circunstancias y problemas adversos.

Que en él progrese mejorando siempre mi calidad y gozando de salud y fuerza. Y que día a día trate de ser útil a cuantos me rodean. Asocio tu intercesión a la Sagrada Familia, de la cual eres pariente y prometo difundir tu devoción como expresión de mi gratitud a tus favores. Amén.

Oraciòn a San Simón :

¡Oh glorioso San Simón, que eres primo de Jesús y también un fiel seguidor devoto. Te llaman "el Zelote" (el defensor) indicando que estaban dispuestos a entregar tu vida por defender tu religión y dar tu libertad como persona humana. Te pedimos nos obtenga la gracia de estar dispuestos a dar nuestra vida por Cristo y a trabajar por la libertad y la paz que solamente Dios puede dar. Ayúdanos a entregarnos a nosotros mismos a Dios aqui en la tierra y ser recibido por él para gozar de la dicha eterna en el cielo. Amén.

Oración:

Señor Dios nuestro, que nos llevaste al conocimiento de tu nombre por la predicación de los Apóstoles, te rogamos que, por intercesión de San Simón y San Judas, tu Iglesia siga siempre creciendo con la conversión incesante de los pueblos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén

Oracion de Sanación a San Judas Tadeo

Oh santísimo Apóstol San Judas Tadeo, me pongo en estos momentos bajo tu cuidado, confiando en tu ayuda fiel y generosa.

Ruega por mí, pobre pecador que estoy desesperado(a) y angustiado(a). Ayúdame a recordar que no estoy solo en mis luchas, que tú me acompañas y me guías a la plenitud de la luz y la verdad de Dios.

San Judas Bendito, te suplico que te unas mí en mi humilde plegaria para pedirle a Dios que me envíe esperanzas en este momento de prueba, consuelo en mi dolor, coraje en mis miedos, fe en la debidilidad y la sanación en medio de todos mis retos y contrariedades.

Por favor, solicítale a nuestro amoroso Padre celestial, que venga pronto a socorrerme, que en su inmensa misericordia se apiade de esta condición de salud que me lastima y no me permite llevar una vida plena junto a los míos.

- Pedir aquí la gracia que desea-

Ven Señor, lléname de tu poderosa gracia para aceptar los sucesos de dolor que transcurren en mi vida y fortalece mi fe para que pueda superar este momento difícil

Te entrego ahora mis dolores, mis lamentos, todo lo que tengo y todo lo que soy, todas mis aflicciones y todas las cargas emocionales por las que estoy atravesando.

Ruego también a la Santísima Virgen, Madre Santísima del Verbo Encarnado para que sea mi gran auxilio en esta necesidad, para que me cobije bajo su manto de ternura y me levante esperanzado hacia una vida mejor

Y a ti, querido Apóstol del Señor, San Judas Tadeo, gracias por la promesa de la esperanza y fidelidad confiada a todos los que creen en tu devoción. Fortalece e inspírame para dar también este regalo de la esperanza a muchos otros.

Amén.

23 de Septiembre - Padre Pío

23 DE SEPTIEMBRE SAN PÍO DE PIETRELCINA (PADRE PÍO) El padre Francesco Forgione nació en Pietrelcina, provincia de Benevento, el...