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sábado, 9 de enero de 2021

Domingo del Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo!!

Domingo del Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo!!

¿𝗖𝘂á𝗻𝗱𝗼 𝘀𝗲 𝗰𝗲𝗹𝗲𝗯𝗿𝗮 𝗲𝘀𝘁𝗮 𝗙𝗶𝗲𝘀𝘁𝗮?
Se celebra el domingo siguiente al 6 de enero. Con esta fiesta concluye el tiempo de Navidad e inicia el Tiempo Ordinario.

¿𝗦𝗲 𝘁𝗿𝗮𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝘂𝗻𝗮 𝗳𝗶𝗲𝘀𝘁𝗮 𝗺𝘂𝘆 𝗿𝗲𝗹𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗱𝗮 𝗰𝗼𝗻 𝗹𝗮 𝗘𝗽𝗶𝗳𝗮𝗻í𝗮?
Es la segunda manifestación después de la de los magos. Y en esta fiesta se manifiestan tres grandes misterios:

La divinidad de Jesucristo (Este es mi Hijo muy amado)

La manifestación de la salvación realizada por Él (Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo) 

Su unción mesiánica, (Enviado a anunciar el Evangelio a los pobres).

martes, 1 de diciembre de 2020

3 de Diciembre San Francisco Javier

San Francisco Javier y su sobrenatural deseo de proclamar a Cristo Dios

Francisco nació cerca de Pamplona (España) en el castillo de Javier, en el año 1506. Siendo muy joven, fue enviado a estudiar a la Universidad de París, y allá se encontró con San Ignacio de Loyola, cuya amistad transformó por completo a Javier, encaminándolo por el camino de la santidad, del seguimiento de Cristo. 

El santo formó parte del grupo de los siete primeros religiosos con los cuales San Ignacio fundó la Compañía de Jesús. Ordenado sacerdote, colaboró con San Ignacio y sus compañeros en enseñar catecismo y predicar en Roma y otras ciudades. Un poco más tarde, San Ignacio le pidió a Javier que fuera a misionar a la India, a lo que obedeció inmediatamente. Puede decirse que con San Javier empezaron las misiones de los jesuitas, las cuales se caracterizarían por llevar innumerable cantidad de almas a Dios.

Llegado a destino, Francisco Javier, solamente con el libro de oraciones como único equipaje, recorrió India, Indostán, Japón y otras naciones. Además de bautizar por centenares y millares, obró numerosos milagros de curación corporal, al punto que la gente lo consideraba en santo en vida. Se estableció en la ciudad portuguesa de Goa, en la India y allí puso su centro de evangelización, dando clases de Catecismo para niños y adultos; además, promovió el hábito de la Confesión y de la Comunión sacramentales frecuentes. 

En cada región que evangelizaba, las gentes se convertían de a millares, por lo que dejaba catequistas en cada lugar, para que estos continuaran evangelizando. Era muy austero: comía sólo arroz, sólo tomaba agua, dormía en una pequeña y pobre choza. 

Sus viajes eran interminables y pasaba muchas penurias, pero el santo escribía: “En medio de todas estas penalidades e incomodidades, siento una alegría tan grande y un gozo tan intenso que los consuelos recibidos no me dejan sentir el efecto de las duras condiciones materiales y de la guerra que me hacen los enemigos de la religión”.

En un momento determinado, el santo decidió ir a misionar al Japón, pero resultó que allá lo despreciaban porque vestía muy pobremente, al contrario de lo que le sucedía en la India, en donde lo respetaban y veneraban por vestir como los pobres del pueblo. 

Entonces se dio cuenta de que en Japón era necesario vestir con cierta elegancia, para lo cual se vistió de embajador -título que poseía en la realidad, ya que el rey de Portugal le había conferido ese cargo- y así, con toda la pompa y elegancia, acompañado de un buen grupo de servidores muy elegantes y con hermosos regalos se presentó ante el primer mandatario. Al verlo así, lo recibieron muy bien y le dieron permiso para evangelizar, logrando convertir a un gran número de japoneses.

Podríamos decir que, hasta entonces, su tarea evangelizadora había tenido mucho éxito, tanto en India como en Japón y en muchos otros lugares. Sin embargo, en San Francisco ardía el fuego del Espíritu Santo, que lo hacía consumirse en deseos de proclamar la Buena Noticia de Cristo Dios a todos los hombres; por esta razón, no contento con su tarea evangelizadora en India y Japón, decidió ir a misionar a China, para allí convertir a la religión católica al mayor número posible de sus habitantes. 

Al emprender esta tarea, se dio con una primera gran dificultad: en China estaba prohibida la entrada a los blancos de Europa, aunque consiguió que el capitán de un barco lo llevara a la isla desierta de San Cian, a unos cien kilómetros de Hong–Kong. 

Llegados a este lugar, el santo fue abandonado por quienes lo habían llevado y pronto enfermó, muriendo en una pobre choza, aterido de frío y en soledad, el tres de diciembre de 1552, pronunciando el nombre de Jesús. Tenía sólo 46 años. A su entierro no asistieron sino un catequista que lo asistía, un portugués y dos negros. 

El Papa Pío X nombró a San Francisco Javier como Patrono de todos los misioneros porque fue si duda uno de los misioneros más grandes que han existido.

Mensaje de santidad.

Además de su sobrenatural deseo de proclamar a Cristo, reflejado en las increíbles penurias que tuvo que soportar a lo largo de sus innumerables viajes evangelizadores -en once años recorrió la India, el Japón y varios países más-, el mensaje de santidad de San Francisco Javier puede tal vez sintetizarse en la oración del día de su fiesta, que dice así: “Señor, tú has querido que varias naciones llegaran al conocimiento de la verdadera religión por medio de la predicación de San Francisco Javier”. 

Es decir, según la Iglesia, fue el mismo Dios Uno y Trino quien obró la evangelización de “numerosas naciones” a través de San Francisco Javier.

El santo fue un dócil instrumento en las manos amorosas de Dios, que por medio suyo reveló a quienes vivían en el paganismo, la Alegre Noticia de la Salvación de la humanidad por medio del Sacrificio de Cristo en la Cruz. 

Al recordarlo en su día, le pidamos al santo que interceda ante la Santísima Trinidad para que también nosotros nos veamos inflamados en el amor a Cristo, para proclamarlo a toda la humanidad, aun a costa de la vida terrena.

 


sábado, 31 de octubre de 2020

1 de Noviembre Festividad de Todos los Santos

REFLEXIÓN DE LA SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS 

Celebramos el día 1 de noviembre la Solemnidad de Todos los Santos, solemnidad que nos muestra la belleza del Cielo, de la Vida, de la santidad, frente a las fiestas paganas del Halloween, que no son sino una expresión de la monstruosidad de la cultura de muerte en la que vivimos, que le ha dado la espalda con desprecio al Dios de la Vida. 

Así, la Solemnidad de Todos los Santos es una fiesta que nos llena de esperanza, tal y como dice San Juan en la segunda lectura: «Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es» (1 Jn 3,2). El Señor vuelve a recordarnos hoy la llamada que nos ha hecho a mostrar la santidad y la belleza de Dios en nuestra vida concreta, sabiendo que ha sido Él el que nos ha elegido, junto al resto de la Iglesia, para Él y para esa misión: «Porque tú eres un pueblo consagrado al Señor tu Dios; él te ha elegido a ti para que seas el pueblo de su propiedad personal entre todos los pueblos que hay sobre la haz de la tierra» (Dt 7,6). Así, no podemos sino darle gracias al Señor por semejante gracia que nos ha concedido y combatir para defenderla: «Pero al presente, libres del pecado y esclavos de Dios, fructificáis para la santidad; y el fin, la vida eterna. Pues el salario del pecado es la muerte; pero el don gratuito de Dios, la vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro» (Rm 6,22-23).

El Señor nos promete la vida eterna, el estar insertos en comunión con Dios eternamente en el Cielo, y de hecho, comenzar a saborear aquí ya un poco la Vida Eterna, que como dice el mismo Jesucristo: «Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien Tú has enviado» (Jn 17,3). Pero, como dirá San Pedro: «Sed sobrios y velad. Vuestro adversario, el Diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. Resistidle firmes en la fe» (1 Pe 5,8-9).

Día tras día el maligno nos presenta espejismos, falsas seguridades, placeres efímeros, deseando robarnos la semilla de la fe que nos ha plantado el Señor en el corazón, por lo que el Señor nos muestra la necesidad de combatir y defender la vocación a la que nos ha llamado, porque como dice San Pablo: «Ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios» (Ef 2,19), y «sabemos que si esta tienda, que es nuestra morada terrestre, se desmorona, tenemos un edificio que es de Dios: una morada eterna, no hecha por mano humana, que está en los cielos» (2 Co 5,1). 

Por tanto, el Señor nos invita a SER UNO CON ÉL en la Cruz, sabiendo que «Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva. Porque si hemos hecho una misma cosa con él por una muerte semejante a la suya, también lo seremos por una resurrección semejante» (Rm 6,4-5). 

Así, frente a la invitación del maligno de vivir en nuestra voluntad, el Señor nos llama a combatir, a amarle en la Cruz, a mostrarle a los demás la Vida Nueva que nos ha concedido el Señor gratuitamente en su Hijo Jesucristo; a desear la Vida Eterna: «Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y poco son los que lo encuentran» (Mt 7,13-14), mas «¡Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni en la senda de los pecadores se detiene, ni en el banco de los burlones se sienta, mas se complace en la ley del Señor, su ley susurra día y noche!» (Sal 1,1-2). Porque, ciertamente, «quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará» (Mt 16,25).

Por tanto, en esta solemnidad el Señor no sólo hace revivir en mí, como dirá Pablo, «la esperanza a que habéis sido llamados por él; cuál la riqueza de la gloria otorgada por él en herencia a los santos» (Ef 1,18), sino que me invita a dar testimonio del amor de Dios y de que existe el Cielo: «En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros» (Jn 14,2-3). Así, «si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra» (Col 3,1-2). Feliz día de Todos los Santos.

23 de Septiembre - Padre Pío

23 DE SEPTIEMBRE SAN PÍO DE PIETRELCINA (PADRE PÍO) El padre Francesco Forgione nació en Pietrelcina, provincia de Benevento, el...