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martes, 2 de febrero de 2021

San Blas - 3 de Febrero


San Blas protector de las gargantas 
Fiesta: 3 de Febrero

Todos los 3 de febrero, es la fiesta de San Blas, el día en que nosotros, como católicos, participamos en la hermosa tradición de tener nuestras gargantas bendecidas. 

Para ello, el sacerdote consagra dos velas, por lo general con una oración, y luego coloca las velas en una posición cruzada en la garganta de la persona que está siendo bendecida. Al mismo tiempo, la siguiente bendición es dada:

«A través de la intercesión de San Blas, obispo y mártir, que Dios te libre de las dolencias de la garganta y de todo otro mal. En el nombre del Padre, y del Hijo, y. del Espíritu Santo. Amén».

Según una leyenda que surge en el siglo VIII, nació Blas en el seno de una familia rica y noble; educado cristianamente. 

Se consagró como Obispo cuando todavía era muy joven. Cuando comenzó una nueva persecución a los cristianos, recibió un mensaje de Dios para que se fuera a las colinas y así escapar a la persecución. Un día, caminado en las montañas, descubrió en una cueva varios animales salvajes que estaban enfermos. 

Blas caminó sin miedo entre ellos, y los curó de sus enfermedades. Poco después, unos cazadores fueron en busca de estos animales para el anfiteatro, pero San Blas los espantó y entonces fue capturado. 

Al enterarse que era cristiano, fue conducido ante el gobernador Agrícola, quien lo mandó a azotar y encerrar en un calabozo, privado de alimentos. En el camino de regreso, para llevarlo a la cárcel; la madre puso su único hijo, asfixiado casi de muerte por un hueso de pescado atascado en su garganta, a sus pies, y el niño se curó de inmediato. 

Después en la cárcel, fue torturado para que renegara de su fe, pero el santo se mantuvo firme por lo que el gobernador de Sebaste dio orden para que lo decapitaran.

Blas es el santo de las personas con enfermedades de la garganta y patrón de los animales salvajes debido a su cuidado por ellos.

miércoles, 9 de diciembre de 2020

San José terror de los demonios

¿Por qué es San José el terror de los demonios?

Este artículo es una traducción de la publicación original Why Saint Joseph is the Terror of Demons del sitio web Catholic Online.

Aunque la información detallada de la vida de San José, sigue siendo escasa, hemos aprendido de las Escrituras y la Sagrada Tradición acerca de su fe inquebrantable, su incansable perseverancia, y sobre su admirable y excepcional pureza y humildad. La Iglesia, en su sabiduría, ha entregado a los fieles un legado de bellas invocaciones en su honor, que ha llamado la Letanía de San José. Las vibrantes denominaciones que allí encontramos, logran acercarnos al santo y nos recuerdan sus muchas virtudes. Hay una invocación particularmente intrigante llena de sentido y de verdad: “el Terror de los Demonios”. ¿Acaso nos hemos preguntado el porqué de este título?

Una noble vocación

Dada la grandeza de su vocación: la protección, sustento y cuidado de Nuestra Madre Santísima y Nuestro Señor Jesús como cabeza de la Sagrada Familia, podemos esperar que Dios lo haya dotado con una gracia proporcionalmente extraordinaria para llevar a cabo tan noble misión en la vida. Y ciertamente podemos contemplarlo como un ícono sublime de masculinidad y un pilar de fuerza, que sin duda alguna provoca un miedo terrible a los poderes de la oscuridad, dada la sublime tarea encomendada a su cuidado.


Pureza

San José es el epítome de un hombre puro. Puro en pensamiento, puro de corazón, puro en cuerpo y alma; destinado a ser el castísimo esposo de María Santísima concebida sin pecado. En vista de esa sublime pureza y santidad, no es una locura creer que dada la fealdad asquerosa de los espíritus infernales, éstos se encogerían de miedo, petrificados ante su presencia.

El éxito de la misión de Cristo dependía de San José

En sus manos fue depositado el más excelso y sagrado deber de proteger la humanidad de nuestro Señor Jesucristo, el pináculo de toda la creación. Dios se hizo hombre para redimir a la humanidad y dotarlo con el más perfecto y el último regalo de la vida eterna, a través de su Cuerpo y Sangre. Para cumplir su misión divina, Dios Padre se dignó encomendar a su hijo al cuidado paternal de San José. ¡Qué formidable y poderoso hombre debe haber sido San José!

Ciertamente podemos atribuir este plan a la eterna sabiduría de Dios, que nos ha predestinado para la vida eterna a través de su Hijo. Por esta causa santa, nos ha concedido a su hijo nacido de una Madre Purísima Inmaculada, libre de la mancha del pecado original. Y para garantizar y preservar la integridad de esta Madre inmaculada, la ha prometido a un amoroso y castísimo esposo: José.

Protector de la Iglesia

Como protector y guardián de nuestro Señor y de la Virgen, San José también es invocado como Patrono de la Iglesia Universal, en reconocimiento a su destreza y fortaleza. La Iglesia Católica, nacida del agua que brotaba del costado de Jesús, y alimentada por el amor maternal de Nuestra Señora, encontró en las manos de José, consuelo y protección de la malicia de Satanás y sus seguidores. Los encontró en San José ¡el terror de los demonios!. En reconocimiento a esa posición tan especial, la Santa Madre Iglesia le honra con la máxima veneración llamada protodulia, superior a la que poseen los ángeles y otros santos, excepto María, quien recibe una veneración especial llamada hiperdulia.

Patrono de la Buena Muerte

La Sagrada Tradición nos dice que nuestro Señor y la Virgen le auxiliaron en sus últimos momentos y que su muerte no fue superada en santidad por ningún otro- excepto por Jesús y María. En virtud de esto, San José llegó a ser conocido como el patrono de los moribundos. A través de los años, los fieles católicos amorosamente le piden a él la gracia de tener una buena y santa muerte.

Gracias obtenidas por intercesión de San José

- Aquellos que lo invoquen obtendrán de Dios, por su intercesión, el don de la castidad, y no serán conquistados por la tentación de los sentidos.
- Recibirán gracias particulares para liberarlos del pecado.
- Obtendrán una verdadera devoción a la Santísima Virgen.
- Tendrán una buena y feliz muerte, y en todo momento decisivo serán defendidos contra los ataques de Satanás.
- Serán liberados cuando sea conveniente para ellos, de los sufrimientos corporales, y encontrarán ayuda en sus aflicciones.
- Si están casados, ellos serán bendecidos con descendencia.
- Los demonios tendrán extremo temor del nombre glorioso de San José.

Con tantas gracias a obtenerse a través de su poderosa intercesión, no tardemos ni dudemos en pedir humildemente la protección y la ayuda de nuestro amado San José ¡el terror de los demonios!

martes, 1 de diciembre de 2020

3 de Diciembre San Francisco Javier

San Francisco Javier y su sobrenatural deseo de proclamar a Cristo Dios

Francisco nació cerca de Pamplona (España) en el castillo de Javier, en el año 1506. Siendo muy joven, fue enviado a estudiar a la Universidad de París, y allá se encontró con San Ignacio de Loyola, cuya amistad transformó por completo a Javier, encaminándolo por el camino de la santidad, del seguimiento de Cristo. 

El santo formó parte del grupo de los siete primeros religiosos con los cuales San Ignacio fundó la Compañía de Jesús. Ordenado sacerdote, colaboró con San Ignacio y sus compañeros en enseñar catecismo y predicar en Roma y otras ciudades. Un poco más tarde, San Ignacio le pidió a Javier que fuera a misionar a la India, a lo que obedeció inmediatamente. Puede decirse que con San Javier empezaron las misiones de los jesuitas, las cuales se caracterizarían por llevar innumerable cantidad de almas a Dios.

Llegado a destino, Francisco Javier, solamente con el libro de oraciones como único equipaje, recorrió India, Indostán, Japón y otras naciones. Además de bautizar por centenares y millares, obró numerosos milagros de curación corporal, al punto que la gente lo consideraba en santo en vida. Se estableció en la ciudad portuguesa de Goa, en la India y allí puso su centro de evangelización, dando clases de Catecismo para niños y adultos; además, promovió el hábito de la Confesión y de la Comunión sacramentales frecuentes. 

En cada región que evangelizaba, las gentes se convertían de a millares, por lo que dejaba catequistas en cada lugar, para que estos continuaran evangelizando. Era muy austero: comía sólo arroz, sólo tomaba agua, dormía en una pequeña y pobre choza. 

Sus viajes eran interminables y pasaba muchas penurias, pero el santo escribía: “En medio de todas estas penalidades e incomodidades, siento una alegría tan grande y un gozo tan intenso que los consuelos recibidos no me dejan sentir el efecto de las duras condiciones materiales y de la guerra que me hacen los enemigos de la religión”.

En un momento determinado, el santo decidió ir a misionar al Japón, pero resultó que allá lo despreciaban porque vestía muy pobremente, al contrario de lo que le sucedía en la India, en donde lo respetaban y veneraban por vestir como los pobres del pueblo. 

Entonces se dio cuenta de que en Japón era necesario vestir con cierta elegancia, para lo cual se vistió de embajador -título que poseía en la realidad, ya que el rey de Portugal le había conferido ese cargo- y así, con toda la pompa y elegancia, acompañado de un buen grupo de servidores muy elegantes y con hermosos regalos se presentó ante el primer mandatario. Al verlo así, lo recibieron muy bien y le dieron permiso para evangelizar, logrando convertir a un gran número de japoneses.

Podríamos decir que, hasta entonces, su tarea evangelizadora había tenido mucho éxito, tanto en India como en Japón y en muchos otros lugares. Sin embargo, en San Francisco ardía el fuego del Espíritu Santo, que lo hacía consumirse en deseos de proclamar la Buena Noticia de Cristo Dios a todos los hombres; por esta razón, no contento con su tarea evangelizadora en India y Japón, decidió ir a misionar a China, para allí convertir a la religión católica al mayor número posible de sus habitantes. 

Al emprender esta tarea, se dio con una primera gran dificultad: en China estaba prohibida la entrada a los blancos de Europa, aunque consiguió que el capitán de un barco lo llevara a la isla desierta de San Cian, a unos cien kilómetros de Hong–Kong. 

Llegados a este lugar, el santo fue abandonado por quienes lo habían llevado y pronto enfermó, muriendo en una pobre choza, aterido de frío y en soledad, el tres de diciembre de 1552, pronunciando el nombre de Jesús. Tenía sólo 46 años. A su entierro no asistieron sino un catequista que lo asistía, un portugués y dos negros. 

El Papa Pío X nombró a San Francisco Javier como Patrono de todos los misioneros porque fue si duda uno de los misioneros más grandes que han existido.

Mensaje de santidad.

Además de su sobrenatural deseo de proclamar a Cristo, reflejado en las increíbles penurias que tuvo que soportar a lo largo de sus innumerables viajes evangelizadores -en once años recorrió la India, el Japón y varios países más-, el mensaje de santidad de San Francisco Javier puede tal vez sintetizarse en la oración del día de su fiesta, que dice así: “Señor, tú has querido que varias naciones llegaran al conocimiento de la verdadera religión por medio de la predicación de San Francisco Javier”. 

Es decir, según la Iglesia, fue el mismo Dios Uno y Trino quien obró la evangelización de “numerosas naciones” a través de San Francisco Javier.

El santo fue un dócil instrumento en las manos amorosas de Dios, que por medio suyo reveló a quienes vivían en el paganismo, la Alegre Noticia de la Salvación de la humanidad por medio del Sacrificio de Cristo en la Cruz. 

Al recordarlo en su día, le pidamos al santo que interceda ante la Santísima Trinidad para que también nosotros nos veamos inflamados en el amor a Cristo, para proclamarlo a toda la humanidad, aun a costa de la vida terrena.

 


23 de Septiembre - Padre Pío

23 DE SEPTIEMBRE SAN PÍO DE PIETRELCINA (PADRE PÍO) El padre Francesco Forgione nació en Pietrelcina, provincia de Benevento, el...